Siento mucho los retrasos, actualizaré el blog de vez en cuando, pero tened paciencia, please:



La vida de un sacerdote en Madrid es algo compleja, hacemos lo que podemos y que Dios ponga el resto. Si quieres contribuir pide a Dios que nos envíe más sacerdotes.

Un fuerte abrazo

viernes, 29 de abril de 2011

Salidas culturales en la clase de religión.

Esta entrada va especialmente dedicada a Marta Sastre:

A veces, cuando se forma a los alumnos de pedagogía se hace tal distinción entre la clase de religión y la catequesis, que parece que en la clase de religión no se pudiera transmitir ninguna vivencia cristiana y debe reducirse exclusivamente a transmisión de "conceptos".

Antes de poder continuar con nuestro propósito de incentivar las salidas culturales durante la clase de religión, es necesario "desfacer este entuerto" (como diría el Quijote).

Quiero mostraros una página web interesante, en la que he descubierto muchas cosas buenas: Página "Aula reli"

En esta página, llegué a una nota del Vaticano sobre la enseñanza de la religión. En este documento (Carta circular 520/2009 a los eminentísimos y excelentísimos presidentes de las conferencias episcopales sobre la enseñanza de la religión en la escuela) se dice expresamente:

"17. La enseñanza escolar de la religión se  encuadra en la misión evangelizadora de la Iglesia. Es diferente y complementaria a la catequesis en la parroquia y a otras actividades, como la educación cristiana familiar o las iniciativas de formación permanente de los fieles. Además del diferente ámbito donde cada una es impartida, son diferentes las finalidades que se proponen: la catequesis se propone promover la adhesión personal a Cristo y la maduración de la vida cristiana en sus diferentes aspectos (Cf. Congregación para el Clero, Directorio general para la catequesis [DGC], 15 de agosto de 1997, nn. 80‐87); la enseñanza escolar de la religión transmite a los alumnos los conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana.

Además, el Papa Benedicto XVI, hablando a los docentes de religión, ha indicado la exigencia de "ensanchar los espacios de nuestra racionalidad, volver a abrirla a las grandes cuestiones de la verdad y del bien, conjugar entre sí la teología, la filosofía y las ciencias, respetando plenamente sus métodos propios y su recíproca autonomía, pero siendo también conscientes de su unidad intrínseca.

En efecto, la dimensión religiosa, es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida.” A la consecución de tal fin contribuye la enseñanza de la religión católica, con la cual “la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro” (Discurso a los docentes de religión católica, 25 de abril de 2009).

18. La especificidad de esta enseñanza no disminuye su naturaleza de disciplina escolástica; al contrario, el mantenimiento de ese status es una condición de eficacia: “es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinario” (DGC 73)"

En este documento queda claro que no se reduce a transmitir conceptos, sino que un profesor de religión debe mostrar la identidad de la Iglesia y de la vida cristiana. Además, con un afán evangelizador, aunque no forcemos voluntades porque el fin de la clase de religión no es captar adhesiones a Cristo. Este tampoco es un fin de la catequesis. La catequesis es una formación para el que ya se ha convertido a Cristo.

Como en cualquier otra disciplina escolástica, es necesario que la asignatura de religión integre toda la personalidad del alumno. Tratamos de formar personas, no de adiestrar cerebros. En todo proceso formativo es necesario incluir todos los métodos que nos ayuden no sólo a transmitir conceptos, sino a desarrollar una vida y un pensamiento propio, suscitando el entusiasmo por la asignatura.

Es necesario, romper cíclicamente la monotonía de las clases para poder aprender y estimular a los alumnos de otro modo. Un ejemplo: un profesor puede insistir mil veces a sus alumnos de que la cultura española ha sido influida notablemente por la fe católica, que les entrará por un oído y les saldrá por el otro. Ahora, si les lleva a la exposición de las Edades del Hombre o a un museo y les enseña que el arte religioso ha sido el único que ha existido en España a lo largo de 15 siglos, les entrará por los ojos. Y esta visita cultural es esencial para la clase de religión. Por eso es tan importante la clase de religión en la escuela pública, porque si no jamás entenderán su propia historia.

Incluso, llego a más. Para que un alumno se tope con el llamado "sentimiento religioso" y pueda comprender la realidad de la piedad popular, incluso me atrevería a proponer la necesidad de que en la clase de religión, como laboratorio científico, pueda acudirse a una ermita o realizar una romería, de modo que los alumnos puedan acceder a unas vivencias que de otro modo no tendrían jamás. No se trata de obligar a convertirse, se trata de suscitar una experiencia personal que suscite un interés real en la materia tratada. Del mismo modo que sería un mal profesor de matemáticas, quien no supiera "enamorar" a los alumnos con la lógica interna de los números.

Repito: el método académico que se reduzca a impartir lecciones magistrales, olvida la formación integral del alumno y la necesidad pedagógica de acceder a recursos distintos a las clases para poder desarrollar experiencias integrales para el aprendizaje de los alumnos.

¿Cómo explicar la teología católica sobre la Creación del mundo sin poder acceder a una cumbre nevada y al paisaje que se aprecia desde ahí o una playa con el sol naciendo para poder explicarles por qué la Biblia afirma "y vió Dios que era bueno"?

Por todo esto, defiendo la necesidad, no sólo la posibilidad de aprovechar algunas clases de religión par sacar a los chavales de la rutina y mostrarles la "identidad de la vida cristiana", como dice el documento que hemos analizado antes.

Muchas gracias.

jueves, 28 de abril de 2011

Doctrina de San Luis María Griñón de Monfort sobre la verdadera devoción a la Virgen María:

Esta entrada servirá de colofón al anterior artículo sobre Nuestra Señora de las Ermitas.

San Luis María Griñón de Monfort, en su obrita "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", nos explica que la verdadera devoción a la Virgen María es, a la vez: INTERIOR, TIERNA, SANTA, CONSTANTE y DESINTERESADA.

Veamos despacito cada una de estas características:

1.- Interior: Procede del espíritu y del corazón, de la estima que se tiene hacia la Virgen, de la alta idea que uno se ha formado de sus grandezas y del amor que se le tiene.

2.- Tierna: Llena de confianza en la Virgen María, como la de un niño en su querida madre. Esa confianza hace que esa persona acuda a María en todas sus necesidades materiales y espirituales con gran sencillez, confianza y ternura. Nos abandonamos completamente en los brazos de nuestra Madre amabilísima. Sin miedo a importunarla, porque nos quiere con todo su corazón y sin miedo a desagradar a nuestro Señor, que está encantado de que acudamos a su Madre, como en las bodas de Caná.

3.- Santa: Esa devoción a María debe conducirnos a la lucha por la santidad, a evitar el pecado e imitar las virtudes de Santa María, en particular su humildad profunda, su fe viva, su obediencia ciega, su oración continua, su mortificación universal, su pureza divina, su caridad ardiente, su paciencia heroica, su dulzura angelical y su sabiduría divina. Éstas son las diez principales virtudes de la Virgen María.

4.- Constante: Consolida en el bien y hace que no se abandonen fácilmente las prácticas de piedad. Anima para oponerse al mundo, a sus costumbres y máximas; a lo carnal y sus molestias y pasiones; al diablo y sus tentaciones. No se acongoja por perder el gusto, sino que persevera por amor. Se trata de vivir de la fe en Jesús y María y no de los sentimientos.

5.- Desinteresada: No nos buscamos a nosotros mismos, sino a Dios en su santísima Madre. Servimos a María, no buscando intereses propios materiales o espirituales, sino que nos ponemos a su servicio porque sólo Ella se lo merece y Dios en ella. Por eso, seguimos amando a María con todas nuestras fuerzas en los sinsabores y en las circunstancias de la vida que no entendemos. Sabemos bien que Ella nos va a cuidar, pero  no la amamos porque nos haga favores, sino porque se lo merece sobradamente. Aunque yo me condenara, Ella se merece que le dedique mi vida entera. ¡Qué pocos son los que saben amarla y servirla así! Busca a María, no sus favores.

Para que se vea cierto que no son tontunas de un santo obtuso, observad lo que dice el Concilio (tan manipulado como poco leído por algunos que van de "progres"). El Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 66) señala cuatro aspectos universales de toda devoción a María. Dice el Concilio que la devoción a María debe ser la veneración, el amor, que tal amor sea filial: esto es, de complacencia, benevolencia, de abandono en sus manos y de conformidad de sentimientos y afectos (hacer lo que María nos diga). Esta devoción nos debe llevar a invocarla en toda circunstancia y a imitarla como la joya perfecta de Dios. Nadie hay que ame tanto al Señor como su Madre, cuando seas como ella adorarás de verdad al Señor. 

Un abrazo en María.

miércoles, 27 de abril de 2011

Nuestra Señora de las Ermitas

Un sacerdote de mi parroquia, Don Amadeo, me ha pedido que le ayude a preparar la homilía de una fiesta de cierta importancia en Orense. La diócesis de Astorga, de donde él es, ocupa ciertos territorios de Orense. En medio de Galicia, se levanta una paraje espectacular (como lo es toda Galicia), que venía siendo habitado por unos eremitas desde el siglo sexto. Estos eremitas siguieron el ejemplo de San Fructuoso. Ya he hablado de este gran santo patrono de los ingenieros del ICAI por los numerosos inventos con los que mejoró el trabajo y las condiciones de vida de sus monjes.

Pues bien, en Galicia se alza un santuario que tuvo una gran trascendencia en la vida de estos pueblos, pero con las continuas migraciones a las ciudades prácticamente sólo queda un pequeño reducto de "devotos" de esta talla sencilla y preciosa.

Como casi siempre en España, tras las invasiones musulmanas, unos pastores descubrieron una talla sedente de la Virgen María con el Niño en brazos, bastante deteriorada. Encontraron la imagen escondida en una cueva. Dieron con ella por los bramidos del ganado cuando pastaban por dichos lares.

La primera edificación de una capilla en su honor data de comienzos del siglo XIII. Desde entonces ha sido una de las advocaciones marianas más veneradas en Galicia hasta los últimos tiempos en que los gallegos del interior casi han abandonado completamente el terruño.

Pues bien, ¿por qué escribo esta entrada? Porque así me obligo a documentarme y a preparar esa charla sobre María.

Lo que está claro es que habrá que comenzar alabando el espíritu gallego que edificó tan gran monumento a la Virgen, que alcanzó tanto prestigio que se convirtió en Seminario Menor y los mismos curas que formaban a los chavales atendían la espiritualidad del santuario. Habrá que citar a estos eremitas que dieron nombre a la advocación mariana que nos ocupa y empezar hablando de María como Maestra de oración y contemplación. ¿Quién nos va a enseñar a conocer mejor a Jesucristo, nuestro Señor, que su bendita Madre? Es María quien dió a luz la Salvación del mundo y es María quien sigue llevándonos de la mano hasta Jesús. No hay nada que le interese más a María que realmente conozcamos a su Hijo y nos enamoremos de Él. No hay camino más seguro para llegar a Jesús que forjarnos en las entrañas de su mismísima Madre, que Dios ha querido que sea también nuestra.




San Luis María Griñón de Montfort advierte en su obra titulada "La verdadera devoción a María" de ciertas falsas devociones a María. Es necesario estar prevenido contra todos estos modos de confundirnos en nuestro acercamiento al Salvador. Advierte en primer lugar contra los devotos críticos, éstos son ordinariamente sabios orgullosos, engreídos y jactanciosos que quieren realmente muy poco a María. Se pasan la vida criticando todas las devociones conque las gentes sencillas honran a la Madre de Dios, sólo porque no se acomodan a sus fantasías teológicas. Ponen en duda todos los milagros e intervenciones misericordiosas de Nuestra Madre y miran con recelo a quienes con humildad se arrodillan delante de María e incluso les acusan de idolatría. Éstos son los peores enemigos de la Virgen María porque hacen un daño irreparable en las conciencias de los sencillos, que les creen. Alejan de Santa María a sus hijos so pretexto de destruir los abusos. Pero sólo destruyen, son incapaces de construir nada porque no a María, ni temen a Dios.

Los devotos escrupulosos son aquellos que temen deshonrar al Hijo por amar demasiado a su Madre. No soportan que una persona sencilla se arrodille ante el altar de María, en vez de arrodillarse ante el sagrario. Cuando realmente María nos prepara de la mejor manera para adorar con toda el alma al Señor en la Eucaristía. Siempre dicen que Jesús es nuestro Único Salvador, que es el Único Mediador...

En un punto tienen razón: nuestra devoción a María debe conducirnos a amar más perfectamente a Cristo. Lo que ignoran es muy peligroso porque es un lazo muy sutil. No saben que Jesús quiso unir a María a su Pasión, de modo que casi todos los santos han hablado de ella como de la corredentora. Es nuestra Madre y Jesús desde la Cruz nos la regaló para que nos ayudara a buscarle siempre. ¿Vas a despreciar el regalo que te hizo Cristo mismo en la Cruz?

Cuanto más ames a María, más amarás a Jesús. Ella te lleva en volandas hasta su Hijo. ¿Qué más quiere una Madre sino que sus hijos se quieran entre sí? Es la mejor intercesora, es el camino más seguro. Hace fácil lo difícil. No quieras llegar solo a la meta, busca la ayuda de la Madre.

Los devotos exteriores son los que cifran toda su piedad a María en prácticas externas porque carecen de fuego interior. Rezan muchos rosarios, pero a toda velocidad. Van a Misa, pero nunca prestan atención. No enmiendan su vida aunque se apunten a muchas cofradías, sin vencer sus pasiones, sin imitar las virtudes de María. Sólo buscan sentir la "devoción". Si no sienten nada se cansan y abandonan porque no aman. Buscan con egoísmo la fruición espiritual, pero no buscan a María por sí misma y acaban perdiendo a Dios, "porque no le sienten", dicen ellos. Nunca buscan orar realmente con el corazón, no vaya a ser que Dios les busque y tengan que cambiar sus hábitos de vida.


Otra clase de falsa devoción es la de los devotos presuntuosos, son aquellos que se abandonan a sus vicios y pasiones, se llaman cristianos y creen que por rezar alguna vez a María, en el último momento se van a salvar. Nunca se confiesan, ni aunque se den cuenta de que María Santísima se lo está pidiendo con lágrimas en los ojos, creyendo que en su último momento podrán confesar lo que durante toda su vida se han negado a hacer. Son los que dicen que todo el mundo se salva, que Dios es infinitamente misericordioso, que como rezan a María, ella en el último momento les ha de salvar... ¡Pues Dios nos pide la libertad! Dios está deseando salvarnos, pero no puede hacerlo si yo no me abro a su Misericordia e intento cambiar de vida. Realmente creen que aman a María, pero realmente ¿puedes decir que amas a María mientras crucificas a su Hijo y te recreas en tus pecados (causa de la muerte de Jesús en la cruz)? ¿Alguien puede atreverse a decirte que te ama, mientras tortura a tu propio hijo? No digo, que tengamos que ser santos para amar a María, pero sí debemos pasarnos la vida luchando, por lo menos, contra nuestros pecados mortales deliberados. Seamos sinceros...

Los siguientes son los devotos inconstantes, que son los que van siguiendo modas y por arranques. Ora son fervorosos, ora abandonan sus prácticas. Son veletas e infieles. Es mejor comprometerse a poco y cumplirlo, que recargarse con devociones que nunca van a satisfacerte. También están los hipócritas, aquellos que so capa de virtud, se inscriben en congregaciones y asociaciones y gustan de ir públicamente a Misa para que les vean y ocultan bajo el manto de María todas sus perversiones. Por último, quiere advertirnos de los interesados, que sólo acuden a María cuando tienen una necesidad, nunca por amor sincero.

Ante estas perversiones de la devoción a María, San Luis María Griñón de Montfort nos propone una devoción auténtica que sea: interior, tierna, santa, constante y desinteresada.

En otra entrada expondré esta sana doctrina mariana, hoy me voy a la cama.

Un abrazo

lunes, 25 de abril de 2011

Entrevista a Benedicto XVI en televisión italiana:

--Santo Padre, quiero agradecerle su presencia que nos llena de alegría y nos ayuda a recordar que hoy es el día en que Jesús demuestra su amor de la manera más radical, muriendo en la cruz como inocente. Precisamente sobre el tema del dolor inocente es la primera pregunta que viene de una niña japonesa de siete años, que le dice: "me llamo Elena, soy japonesa y tengo siete años. Tengo mucho miedo porque la casa en la que me sentía segura ha temblado mucho, y porque muchos niños de mi edad han muerto. No puedo ir a jugar al parque. Quiero preguntarle: ¿por qué tengo que pasar tanto miedo? ¿por qué los niños tienen que sufrir tanta tristeza? Le pido al Papa, que habla con Dios, que me lo explique".

--Benedicto XVI: Querida Elena, te saludo con todo el corazón. También yo me pregunto: ¿por qué es así? ¿Por qué tenéis que sufrir tanto, mientras otros viven cómodamente? Y no tenemos respuesta, pero sabemos que Jesús ha sufrido como vosotros, inocentes, que Dios verdadero se muestra en Jesús, está a vuestro lado. Esto me parece muy importante, aunque no tengamos respuestas, aunque permanezca la tristeza: Dios está a vuestro lado, y tenéis que estar seguros de que esto os ayudará. Y un día podremos comprender por qué ha sucedido esto. En este momento me parece importante que sepáis que "Dios me ama", aunque parezca que no me conoce. No, me ama, está a mi lado, y tenéis que estar seguros de que en el mundo, en el universo, hay muchas personas que están a vuestro lado, que piensan en vosotros, que hacen todo lo que pueden por vosotros, para ayudaros. Y ser conscientes de que, un día, yo comprenderé que este sufrimiento no era algo vacío, no era inútil, sino que detrás del sufrimiento hay un proyecto bueno, un proyecto de amor. No es una casualidad. Siéntete segura. Estamos a tu lado, al lado de todos los niños japoneses que sufren, queremos ayudaros con la oración, con nuestros actos, y debéis estar seguros de que Dios os ayuda. Y de este modo rezamos juntos para que os llegue la luz cuanto antes.

--La segunda pregunta nos pone delante de un calvario, porque se trata de una madre que está junto a la cruz de un hijo. Es italiana, se llama María Teresa y le pregunta: "Santidad, el alma de mi hijo, Francesco, en estado vegetativo desde el día de Pascua del 2009, ¿ha abandonado su cuerpo, dado que está totalmente inconsciente, o está todavía en él?

--Benedicto XVI: Ciertamente el alma está todavía presente en el cuerpo. La situación es algo así como la de una guitarra que tiene las cuerdas rotas y que no se puede tocar. Así también el instrumento del cuerpo es frágil, vulnerable, y el alma no puede "tocar", por decirlo en algún modo, pero sigue presente. Estoy también seguro de que este alma escondida siente en profundidad vuestro amor, a pesar de que no comprende los detalles, las palabras, etc., pero siente la presencia del amor. Y por esto vuestra presencia, queridos padres, querida mamá, junto a él, horas y horas cada día, es un verdadero acto de amor muy valioso, porque esta presencia entra en la profundidad de esta alma escondida y vuestro acto es un testimonio de fe en Dios, de fe en el hombre, de fe, digamos de compromiso a favor de la vida, de respeto por la vida humana, incluso en las situaciones más trágicas. Por esto os animo a proseguir, sabiendo que hacéis un gran servicio a la humanidad con este signo de confianza, con este signo de respeto de la vida, con este amor por un cuerpo lacerado, un alma que sufre.

--La tercera pregunta nos lleva a Irak, entre los jóvenes de Bagdad, cristianos perseguidos que le envían esta pregunta: "Saludamos al Santo padre desde Irak --dicen--. Nosotros, cristianos de Bagdad, somos perseguidos como Jesús. Santo Padre, ¿cómo podemos ayudar a los miembros de nuestra comunidad cristiana para que se replanteen el deseo de emigrar a otros países, convenciéndoles de que marcharse no es la única solución?

--Benedicto XVI: Quisiera en primer lugar saludar con todo el corazón a todos los cristianos de Irak, nuestros hermanos, y tengo que decir que rezo cada día por los cristianos de Irak. Son nuestros hermanos que sufren, como también en otras tierras del mundo, y por esto los siento especialmente cercanos a mi corazón y, en la medida de nuestras posibilidades, tenemos que hacer todo lo posible para que puedan resistir a la tentación de emigrar, que --en las condiciones en las que viven-- resulta muy comprensible. Diría que es importante que estemos cerca de vosotros, queridos hermanos de Irak, que queramos ayudaros y cuando vengáis, recibiros realmente como hermanos. Y naturalmente, las instituciones, todos los que tienen una posibilidad de hacer algo por Irak, deben hacerlo. La Santa Sede está en permanente contacto con las distintas comunidades, no sólo con las comunidades católicas, sino también con las demás comunidades cristianas, con los hermanos musulmanes, sean chiíes o sunníes. Y queremos hacer un trabajo de reconciliación, de comprensión, también con el gobierno, ayudarle en este difícil camino de recomponer una sociedad desgarrada. Porque este es el problema, que la sociedad está profundamente dividida, lacerada, ya no tienen esta conciencia: "Nosotros somos en la diversidad, un pueblo con una historia común, en el que cada uno tiene su sitio". Y tienen que reconstruir esta conciencia que, en la diversidad, tienen una historia común, una común determinación. Y nosotros queremos, en diálogo precisamente con los distintos grupos, ayudar al proceso de reconstrucción y animaros a vosotros, queridos hermanos cristianos de Irak, a tener confianza, a tener paciencia, a tener confianza en Dios, a colaborar en este difícil proceso. Tened la seguridad de nuestra oración.

--La siguiente pregunta es de una mujer musulmana de Costa de Marfil, un país en guerra desde hace años. Esta señora se llama Bintú y envía un saludo en árabe que se puede traducir de este modo: "Que Dios esté en medio de todas las palabras que nos diremos y que Dios esté contigo". Es una frase que utilizan al empezar un diálogo. Y después prosigue en francés: "Querido Santo Padre, aquí en Costa de Marfil, hemos vivido siempre en armonía entre cristianos y musulmanes. A menudo las familias están formadas por miembros de ambas religiones; existe también una diversidad de etnias, pero nunca hemos tenido problemas. Ahora todo ha cambiado: la crisis que vivimos, causada por la política, esta sembrando divisiones. ¡Cuántos inocentes han perdido la vida! ¡Cuántos refugiados, cuántas madres y cuántos niños traumatizados! Los mensajeros han exhortado a la paz, los profetas han exhortado a la paz. Jesús es un hombre de paz. Usted, en cuanto embajador de Jesús, ¿qué aconsejaría a nuestro país?"

--Benedicto XVI: Quiero contestar al saludo: que Dios esté también contigo, y siempre te ayude. Y tengo que decir que he recibido cartas desgarradoras de Costa de Marfil, donde veo toda la tristeza, la profundidad del sufrimiento, y me entristece porque podemos hacer tan poco. Siempre podemos hacer algo: orar con vosotros, y en la medida de lo posible, hacer obras de caridad, y sobre todo queremos colaborar, según nuestras posibilidades, en los contactos políticos, humanos. He encargado al cardenal Tuckson, que es presidente de nuestro Consejo de Justicia y Paz, que vaya a Costa de Marfil e intente mediar, hablar con los diversos grupos, con las distintas personas, para facilitar un nuevo comienzo. Y sobre todo queremos hacer oír la voz de Jesús, en el que usted también cree como profeta. Él era siempre el hombre de la paz. Se podía pensar que, cuando Dios vino a la tierra, lo haría como un hombre de gran fuerza, que destruiría las potencias adversarias, que sería un hombre de una fuerte violencia como instrumento de paz. Nada de esto: vino débil, vino solo con la fuerza del amor, sin ningún tipo de violencia hasta ir a la cruz. Y esto nos muestra el verdadero rostro de Dios, y que la violencia no viene nunca de Dios, nunca ayuda a producir cosas buenas, sino que es un medio destructivo y no es el camino para salir de las dificultades. Es una fuerte voz contra todo tipo de violencia. Invito apremiantemente a todas las partes a renunciar a la violencia, a buscar las vías de la paz. Para la recomposición de vuestro pueblo no podéis usar medios violentos, aunque penséis que tenéis razón. El único camino es la renuncia a la violencia, volver a entablar el diálogo, tratar de encontrar juntos la paz, una nueva atención de los unos a los otros, la nueva disponibilidad para abrirse el uno al otro. Y este, querida señora, es el verdadero mensaje de Jesús: buscad la paz con los medios de la paz y abandonad la violencia. Rezamos por vosotros para que todos los componentes de vuestra sociedad sientan esta voz de Jesús y así vuelva la paz y la comunión.

--Santo Padre, la próxima pregunta es sobre el tema de la muerte y la resurrección de Jesús y llega desde Italia. Se la leo: "Santidad: ¿Qué hizo Jesús en el tiempo que separó a la muerte de la resurrección? Y, ya que en el Credo se dice que Jesús después de la muerte descendió a los infiernos: ¿Podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?

--Benedicto XVI: En primer lugar, este descenso del alma de Jesús no debe imaginarse como un viaje geográfico, local, de un continente a otro. Es un viaje del alma. Hay que tener en cuenta que el alma de Jesús siempre está en contacto con el Padre, pero al mismo tiempo, este alma humana abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado. Este descenso del Señor a los infiernos significa, sobre todo, que Jesús alcanza también el pasado, que la eficacia de la redención no comienza en el año cero o en el año treinta, sino que llega al pasado, abarca el pasado, a todas las personas de todos los tiempos. Dicen los Padres de la Iglesia, con una imagen muy hermosa, que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas. Y así crea el acceso a Dios, porque el hombre, por sí mismo, no puede elevarse a la altura de Dios. Jesús mismo, siendo hombre, tomando de la mano al hombre, abre el acceso. ¿Qué acceso? La realidad que llamamos cielo. Así, este descenso a los infiernos, es decir, a las profundidades del ser humano, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión de Jesús, de su misión de Redentor y no se aplica a nosotros. Nuestra vida es diferente, el Señor ya nos ha redimido y nos presentamos al Juez, después de nuestra muerte, bajo la mirada de Jesús, y esta mirada en parte será purificadora: creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, necesitaremos ser purificados. La mirada de Jesús nos purifica y además nos hace capaces de vivir con Dios, de vivir con los santos, sobre todo de vivir en comunión con nuestros seres queridos que nos han precedido.

--También la siguiente pregunta es sobre el tema de la resurrección y viene de Italia: "Santidad, cuando las mujeres llegan al sepulcro, el domingo después de la muerte de Jesús, no reconocen al Maestro, lo confunden con otro. Lo mismo les pasa a los apóstoles: Jesús tiene que enseñarles las heridas, partir el pan para que le reconozcan precisamente por sus gestos. El suyo es un cuerpo real de carne y hueso, pero también un cuerpo glorioso. El hecho de que su cuerpo resucitado no tenga las mismas características que antes, ¿qué significa? ¿Y qué significa, exactamente, "cuerpo glorioso? Y en nuestra resurrección, ¿nos sucederá lo mismo?".

--Benedicto XVI: Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso porque está más allá de nuestra experiencia. Sólo podemos interpretar algunos de los signos que Jesús nos dio para entender, al menos un poco, hacia donde apunta esta realidad. El primer signo: el sepulcro está vacío. Es decir, Jesús no abandonó su cuerpo a la corrupción, nos ha enseñado que también la materia está destinada a la eternidad, que resucitó realmente, que no ha quedado perdido. Jesús asumió también la materia, de manera que la materia está también destinada a la eternidad. Pero asumió esta materia en una nueva forma de vida, este es el segundo punto: Jesús ya no vuelve a morir, es decir: está más allá de las leyes de la biología, de la física, porque los sometidos a ellas mueren. Por lo tanto hay una condición nueva, diversa, que no conocemos, pero que se revela en lo sucedido a Jesús, y esa es la gran promesa para todos nosotros de que hay un mundo nuevo, una nueva vida, hacia la que estamos encaminados. Y, estando ya en esa condición, para Jesús es posible que los otros lo toquen, puede dar la mano a sus amigos y comer con ellos, pero, sin embargo está más allá de las condiciones de la vida biológica, como la que nosotros vivimos. Y sabemos que, por una parte, es un hombre real, no un fantasma, vive una vida real, pero es una vida nueva que ya no está sujeta a la muerte y esa es nuestra gran promesa. Es importante entender esto, al menos por lo que se pueda, con el ejemplo de la Eucaristía: en la Eucaristía, el Señor nos da su cuerpo glorioso, no nos da carne para comer en sentido biológico; se nos da Él mismo; lo nuevo que es Él , entra en nuestro ser hombres y mujeres, en el nuestro, en mi ser persona, como persona y llega a nosotros con su ser, de modo que podemos dejarnos penetrar por su presencia, transformarnos en su presencia. Es un punto importante, porque así ya estamos en contacto con esta nueva vida, este nuevo tipo de vida, ya que Él ha entrado en mí, y yo he salido de mí y me extiendo hacia una nueva dimensión de vida. Pienso que este aspecto de la promesa, de la realidad que Él se entrega a mí y me hace salir de mí mismo, me eleva, es la cuestión más importante: no se trata de descifrar cosas que no podemos entender sino de encaminarnos hacia la novedad que comienza, siempre, de nuevo, en la Eucaristía.


--Santo Padre, la última pregunta es sobre María. A los pies de la cruz, hay un conmovedor diálogo entre Jesús, su madre y Juan, en el que Jesús dice a María: "He aquí a tu hijo" y a Juan : "He aquí a tu madre". En su último libro, "Jesús de Nazaret", lo define como "una disposición final de Jesús". ¿Cómo debemos entender estas palabras? ¿Qué significado tenían en aquel momento y que significado tienen hoy en día? Y ya que estamos hablando de confianza. ¿Piensa renovar una consagración a la Virgen en el inicio de este nuevo milenio?

--Benedicto XVI: Estas palabras de Jesús son ante todo un acto muy humano. Vemos a Jesús como un hombre verdadero que lleva a cabo un gesto de verdadero hombre: un acto de amor por su madre confiándola al joven Juan para que esté tranquila. En aquella época en Oriente una mujer sola se encontraba en una situación imposible. Confía su madre a este joven y a él le confía su madre. Jesús realmente actúa como un hombre con un sentimiento profundamente humano. Me parece muy hermoso, muy importante que antes de cualquier teología veamos aquí la verdadera humanidad, el verdadero humanismo de Jesús. Pero por supuesto este gesto tiene varias dimensiones, no atañe sólo a ese momento: concierne a toda la historia. En Juan, Jesús confía a todos nosotros, a toda la Iglesia, a todos los futuros discípulos a su madre y su madre a nosotros. Y esto se ha cumplido a lo largo de la historia: la humanidad y los cristianos han entendido cada vez más que la madre de Jesús es su madre. Y cada vez más personas se han confiado a su madre: basta pensar en los grandes santuarios, en esta devoción a María, donde cada vez más la gente siente: "Esta es la madre." E incluso algunos que casi tienen dificultad para llegar a Jesús en su grandeza de Hijo de Dios, se encomiendan a su madre sin dificultad. Algunos dicen: "Pero eso no tiene fundamento bíblico". Aquí me gustaría responder con San Gregorio Magno: "En la medida que se leen -dice--, crecen las palabras de la Escritura." Es decir, se desarrollan en la realidad, crecen , y cada vez más en la historia se difunde esta Palabra. Todos podemos estar agradecidos porque la Madre es una realidad, a todos nos han dado una madre. Y podemos dirigirnos con mucha confianza a esta madre, que para cada cristiano es su Madre. Por otro lado la madre es también expresión de la Iglesia. No podemos ser cristianos solos, con un cristianismo construido según mis ideas. La madre es imagen de la Iglesia, de la madre Iglesia y confiándonos a María, también tenemos que encomendarnos a la Iglesia, vivir la Iglesia, ser Iglesia con María.
Toco ahora al tema de la consagración: los papas --Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II-- hicieron un gran acto de consagración a la Virgen María y creo que , como gesto ante la humanidad, ante María misma, fue muy importante. Yo creo que ahora es importante interiorizar ese acto, dejar que nos penetre, para realizarlo en nosotros mismos. Por eso he visitado algunos de los grandes santuarios marianos del mundo: Lourdes, Fátima, Czestochowa, Altötting ..., siempre con el fin de hacer concreto, de interiorizar ese acto de consagración, para que sea realmente un acto nuestro. Creo que el acto grande, público, ya se ha hecho. Tal vez algún día habrá que repetirlo, pero por el momento me parece más importante vivirlo, realizarlo, entrar en esta consagración para hacerla verdaderamente nuestra. Por ejemplo, en Fátima, me di cuenta de cómo los miles de personas presentes eran conscientes de esa consagración, se habían encomendado, encarnándola en sí mismos, para sí mismos. Así esa consagración se hace realidad en la Iglesia viva y así crece también la Iglesia. La entrega a María, el que todos nos dejemos penetrar y formar por esa presencia, el entrar en comunión con María, nos hace Iglesia, nos hace, junto con María, realmente esposa de Cristo. De modo que, por ahora, no tengo intención de una nueva consagración pública, pero sí quisiera invitar a todos a unirse a esa consagración que ya está hecha, para que la vivamos verdaderamente día tras día y crezca así una Iglesia realmente mariana que es madre, esposa e hija de Jesús.




 

La vocación es más normal de lo que pensamos. No es crucificarte siempre y en todo lugar. Es vivir con Dios todos los acontecimientos, vivir con paz y servir. ¡Déjate hacer por Dios!


A veces, cuando hablamos de la vida como vocación exageramos la Cruz. Parece que tuviéramos que cargar con una Cruz impresionante toda la vida y no es eso. No es por no desanimar, es que realmente en la vida de entrega al Señor también existen muchas alegrías. Es más, puedo decir que cualquiera que sea el camino que Dios tenga preparado para ti, vas a ser más alegre que en cualquier otro sendero.

Mirad, Jesús no obliga a nadie a seguirle. "Si quieres, vende todo...". Jesús propone, invita, seduce... y es el amo de la seducción. También es cierto, que no te deja en paz. Mirad, yo me hice sacerdote porque me dió la gana. Al principio, era un chaval de Misa dominical, a veces, iba por la calle hablando con el Señor, comentándole mis cosas y ya está. No sabía demasiado lo que quería. Luego conocí el Opus Dei y me deslumbró. Yo no había oído nada más que críticas, como si fuera una secta y cuando conocí a la gente del Opus, me llamó poderosamente la atención su sencillez, sus virtudes humanas y su alegría. Me enseñaron a disfrutar con la Misa, a reconocer al Señor en mi vida y me planteé: "¿y no será que Dios me quiere aquí?". Me dijeron que Dios no juega con las personas que si he sentido con ellos una posible llamada, será porque es de Dios. Luego, la vida me he demostrado que Dios no sólo juega, sino que baila con cada uno de nosotros todo tipo de piezas, desde las lentas hasta las más rápidas que acabas mareado.

Resumiendo mucho, pedí la admisión a la Obra, pero cada vez comprobaba más que existía un muro en mi apostolado. Podía prepararles a la confesión, pero a veces se confesaban mis amigos con curas que pasaban de ellos. Podía llevármelos a Misa, pero, a veces, parecía que el cura no tuviera fe... Así que cada vez me venía una pregunta a la cabeza: ¿Será que Dios me quiere cura? Para llegar a los que otros no llegaban. Entonces, salía corriendo horrorizado. Búscate a otro, que yo ya me he entregado a Ti en otro camino y quiero ser laico. De cura no voy a poder hacer lo que hago de laico. Y es cierto, nunca he tenido tanto éxito apostólico como cuando era laico. Pero Dios había comenzado la caza y no pude resistir mucho tiempo. Poco después dejaba el Centro de Estudios (donde se forman los numerarios para llevar los apostolados de la Obra) y el curso siguiente comenzaba el seminario.

Al final, me fuí al seminario convencido de que era lo que Dios quería. Me ordené un ocho de mayo del 2004. Y comenzó el infierno. Miento, en el seminario sufrí bastante. Hasta ahora, he sido incapaz de disfrutar con lo que hacía. Siempre me exigía más y mis pecados e imperfecciones me hacían sufrir una barbaridad. Quería dar la talla a toda costa. Después de cinco años de sacerdote, tras varias experiencias frustrantes y muchas decepciones con la Iglesia, le empecé a echar la culpa de lo que me pasaba a todo el mundo, menos a mí. Por si fuera poco, me dieron unas crisis de ansiedad que degeneraron en agorafobia. Todavía no sabía lo que me pasaba, sólo sabía que no podía celebrar Misa, ni siquiera confesar... y salí corriendo.

Dejé el ministerio sacerdotal y comencé a disfrutar de la vida. Trabajé como un loco, eso sí. Pero disfruté como nunca había disfrutado antes.

A veces, cuando oyes a alguien hablar de su conversión, parece que no sabían disfrutar de la vida. Ése no es mi caso. Yo no podría haber dicho nunca lo típico de "era un pobre desgraciado...". Cuando huí, me quité la Cruz de un golpe y viví lo que no había vivido en mucho tiempo, aunque también hubiera sufrimientos (parece que ésa es nuestra condición), me compensaba lo mucho que disfrutaba, volvía a tenerlo todo... Disfrutaba como un loco.

¡Pero, ay, amigo! No renuncié a la fe. Sabía que Dios existe, que me quiere y que me había elegido para sí. Pensaba, es cierto, pero también es cierto que Dios me quiere feliz y el sacerdocio lo veo como una Cruz, me está destruyendo. Incluso veía cómo el Señor me dejaba elegir. Seguí yendo a Misa todos los domingos, aunque no comulgaba porque no podía confesarme, pues sabía que no estaba dispuesto a corregir mi pecado.

En las Misas, miraba al cura y me daba cuenta de que ahí tenía que estar yo. Que por elegir lo que yo quería, estaba impidiendo que muchas personas pudieran acercarse a Él. Pero seguía viendo el sacerdocio como una maldición. Me decía a mí mismo, lo mejor que me podía haber pasado es irme.

Al final, el primer domingo de cuaresma decidí volver al ministerio con gran vergüenza, indudablemente, y odiando a Dios por no dejarme vivir lo que a mí me daba la gana. ¿Me quieres?, pues muy bien, nobleza obliga. Mi padre me enseñó que no podíamos huir de las responsabilidades y un compromiso es un compromiso. Muy bien, si quieres un cura amargado e incapaz de cumplir con los deberes sacerdotales, aquí me tienes.

Llamé a Don Fidel, obispo auxiliar de Madrid, al que se lo debo todo y le dije que estaba dispuesto a volver. Él me puso en contacto con don Jesús y durante un tiempo no pude ejercer el ministerio. Me decían que no podía enamorarme del "quehacer", del "ministerio", sino que tenía que recuperar el primer amor por "ser" sacerdote.

Después de varios meses, de muchas lágrimas y crisis, de sufrir y hacer sufrir, Dios me re-encontró y me enamoró. No se trata de lo que uno sea capaz de hacer o vivir, se trata de que Cristo te ama apasionadamente, aunque seas un pecador. No se trata de merecer el amor de Dios, sino de aceptarlo con humildad, de dejarse salvar. Una vez que te das cuenta de que tú no eres el centro de tu vida puedes empezar a vivir de otro modo.

Una cosa he aprendido sobre la vocación: es respuesta libre a una llamada de Dios. Puedes rechazarla y nunca sabrás si has hecho bien o no. Pero lo que sí es cierto es que tuve dos dudas. Cuando fui numerario, siempre me planteaba si era lo mío o no. No lo era. De seminarista la duda ya no era si era lo mío o no, sino si iba a poder perseverar, si sería capaz de cumplir. Por eso, cuando uno duda mucho si es o no es, no me preocupa; cuando la objeción que pone alguien es que no se considera lo suficientemente fuerte, entonces estoy absolutamente convencido de que tiene vocación y mucha soberbia. Nunca vamos a dar la talla. Dios no pide que estemos a la altura, sino que nos dejemos hacer, que aceptemos nuestra debilidad y pongamos nuestra confianza en sus manos, no en las nuestras.

Antes, vivía el ministerio obsesionado por el éxito, por llenar la parroquia, por llegar a más gente. No disfrutaba de nada porque siempre estaba buscando cómo llega a más. Además, creía que así estaba siendo más fiel... y mi soberbia me rompió en mis pedazos.

Entonces aprendí a disfrutar de la vida. A dar catequesis sólo a una persona y reírme con él. A llevar un grupo de matrimonios y no desear fervientemente que se conviertan en dos grupos. Aceptar la vida tal y como es. Aceptar a cada uno, como Jesús me ha aceptado a mí.

Esta segunda etapa sacerdotal he aprendido a ser feliz siendo y no haciendo cosas, aunque por mi carácter siempre voy a tender a liarme la manta a la cabeza y asumir quizás casi más de lo que puedo llevar. Siempre en la línea. Pero, ahora disfruto con lo que hago. Me lo paso pipa con los que trabajo y si algo sale mal: ¡bendito sea Dios!

Se trata de disfrutar de la Vida, de vivir en paz, de darse a Jesús en los hermanos, aunque, a veces, fallemos. Hoy, lunes de Pascua, tenía entendido que casi todo el mundo tendría vacaciones y no he celebrado la Misa de diario a primera hora de la mañana y me han llamado porque sí que habían venido algunas personas.

Se trata de ver la vida con otros ojos. Nadie más tiene la culpa de lo que te pasa que tú mismo. Descomplícate, ama y haz lo que quieras, mientras ese amor provenga realmente de Dios. No quieras hacer lo que a ti te de la gana, sino lo mejor para todo el mundo y verás que la vida compensa. No se trata de esperar simplemente el cielo, ¡que ya sería mucho! Es que Dios no se deja ganar en generosidad, es buen pagador y te ha prometido el ciento por uno. ¿Quién da más?...¡Abran sus apuestas!

Gracias a Dios que nos quiere y nos elige. Gracias a la Iglesia que siempre da una oportunidad más. Gracias a los amigos que te acompañan, a veces, callándose, pero siempre rezando (como mis grandes amigos Juan Luis y Miguel). Gracias a la vida que me ha dado tanto... ¡y me va a dar todavía más...! Je, je...

Aunque, a veces, haya que sufrir un pelín. Aunque, a veces, se no caiga un lagrimón, pero es que esto es la vida. Otra cosa sería mentir, pero yo no he encontrado jamás personas más felices que los que hacen la voluntad de Dios con una sonrisa.

Hace poco, celebrábamos las bodas de plata de unos amigos míos. Sus 7 hijos pusieron muchas fotos y en todas se les veía riendo, sonriendo o con un gesto de cariño. Ese es el cimiento de una vida puesto en Dios, aunque también les he visto con algún lagrimón apuntando en los ojos.

¡No penséis en 100%, pensad más bien en el ciento por uno!

Por supuesto, siempre de la mano de María, la causa de nuestra alegría... 



No te asustes, todo esto es porque soy especialmente complicado. Casi todos mis compañeros han vivido su vocación con tranquilidad,con mucha paz y alegría. Teniendo que sufrir en ocasiones, por supuesto, pero con el Señor al lado, todo es para bien y haciendo muchísimo bien a muchas familias y a muchas personas. Dando el fruto que Dios les ha concedido. La vida es una maravilla cuando la vivimos desde Dios. Al final, siempre hay más risas que lágrimas, pero es que, a veces, sólo nos fijamos en las lágrimas. Somos así de tontos. Dios te lleva de la mano, Dios te lleva en sus palmas, ¿qué vas a temer? Si notas que Jesús te mira con una sonrisa irónica... ¡prepárate! para la mayor aventura de tu vida y alégrate, que se ha fiado en ti.

Te mando una foto con mis compañeros de promoción para que puedas rezar por ellos. Son los mejores curas que hay en el mundo. Son mis compañeros de armas.