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domingo, 6 de marzo de 2011

Un artículo que es tan cierto como a vida misma, pese a que parece al revés...


Vivir juntos sin casarse: los hombres lo ven como sexo sin compromiso, dice un estudio

Forum Libertas 10/02/2011 -
Las mujeres, en cambio, piensan que es como un paso previo a casarse y que se hace por amor. No protege del divorcio ni la ruptura.
Vivir juntos no protege nada del divorcio ni la ruptura, más bien aumenta el riesgo, dicen los estudios
“¿Y si vivimos juntos?”, dijeron él y ella llenos de ilusión.
Pero en realidad querían decir cosas distintas y estaban pensando en cosas distintas, según un estudio de la Universidad de Michigan que pronto se publicará en la revista Journal of Family Issues.
Ella quiere “vivir juntos” para compartir el amor. Él quiere sexo.
Ella piensa que vivir juntos es un paso previo (intermedio) hacia el matrimonio, que es un paso más hacia el compromiso, la vida adulta. Él, en cambio, piensa que es “una manera conveniente y con poco riesgo” de probar el producto. “Poco riesgo” quiere decir “poco o nulo compromiso”, sensación de provisionalidad y salida fácil.
Cuando les preguntas las desventajas de la cohabitación, la mujer lo compara con el matrimonio: “veo menos legitimidad y compromiso que en el matrimonio”, admite. El hombre, en cambio, ni piensa en compararlo con el matrimonio: al oír la palabra “desventajas” recuerda cuando vivía sólo y dice: “cohabitar limita mi libertad”.
Las diferencias son entre hombres y mujeres
Esos son los principales resultados de una investigación con 96 hombres y 96 mujeres de EEUU, de entre 25 y 30 años, repartidos a partes iguales entre blancos, negros e hispanos. Los investigadores les hicieron entrevistas en profundidad y también grupos de enfoque, y hablaron de las razones que lelvan a las parejas a cohabitar o lo que cambia cuando asumen esta relación.
Las respuestas no variaban mucho por etnia, pero sí por sexo: cada sexo buscaba, temía o esperaba cosas distintas en la cohabitación. “Una brecha por género”, en las palabras de Pamela Smock, socióloga del Centro de Estudios de Población de la Universidad de Michigan.
Smock llevó a cabo el estudio con Penélope Huang, del Colegio Hastings de Leyes en la Universidad de California; Wendy Manning de la Universidad estatal Bowling Green, y Clara Bergstrom Lynch, de la Universidad estatal del Este de Connecticut. La investigación tuvo el apoyo de donaciones del Instituto Nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano.
Los entrevistados dieron tres razones básicas para vivir juntos:
- Poder pasar más tiempo con su pareja (algo que se podría conseguir de otras formas)
- Compartir la carga financiera (una razón economicista)
- “Comprobar” la compatibilidad (algo que nunca se ha demostrado que la cohabitación consiga: al contrario, muchos estudios muestran que los que cohabitan antes de casarse luego se divorcian más).
Las mujeres mencionaron el “amor” como una razón para vivir juntos tres veces más a menudo que los hombres, en tanto que los hombres mencionaron el “sexo” como una razón para vivir juntos cuatro veces más que las mujeres.
A pesar de las distintas expectativas, Smock afirma que los jóvenes ven la cohabitación como algo poco menos que inevitable, como “algo que ha de ocurrir”… una especie de fatalismo acrítico más que una opción consciente y razonada.
Los niños que nacen de la cohabitación, víctimas de separación
En 2010, Pamela J. Smock y la Universidad de Michigan ya estudiaron los efectos de la cohabitación y publicaron en el “Journal of Marriage and Family” (con el título: “Married and Cohabitating parents’ Relationship Stability”, abstract aquí ) que una vez se han tenido en cuenta los factores étnico-estadísticos, se descubre que los niños que han nacido en parejas cohabitadoras multiplican por cinco su riesgo de vivir la separación de sus padres, con respecto a los niños nacidos dentro del matrimonio. Los datos de la profesora Smock muestran que en 15 años, el número de mujeres de 35 a 39 años que han cohabitado en EEUU se ha doblado (de un 30 por ciento han pasado a un 61 por ciento).
Cohabitar aumenta el riesgo de divorcio y ruptura
La mitad de las parejas de Estados Unidos que cohabitan se casan a los tres años. Pero haber “probado” a su pareja no les protege de la ruptura en absoluto. Hay estudios estadounidenses sobre ello, pero los canadienses son más claros todavía: un estudio del profesor Zheng Wu, de la Universidad de Victoria, llega a la conclusión de que quienes viven juntos antes del matrimonio se casan más tarde y se divorcian más.
El estudio, publicado en 1999 en la Canadian Review of Sociology and Anthropology, revela que 55% de las parejas canadienses que cohabitan terminan casándose. ¿Salen matrimonios estables de la experiencia? No, al contrario. Aunque se casan con 33-34 años (5 ó 6 años después el que canadiense medio) y se supone que son más adultos y se conocen bien tras años de cohabitar, no resultan más estables. Según el estudio, las mujeres que han convivido con su pareja antes de casarse tienen una probabilidad mayor de divorciarse (80% ) que las que no lo han hecho. En el caso de los hombres, el aumento de probabilidad es de 150%. El riesgo de ruptura es aún mayor si alguno de los miembros de la pareja ha cohabitado antes con otra persona.
Otro trabajo canadiense, a partir de los datos de la Encuesta Social General Canadiense (analizada por Le Bourdais et al., Canadian Social Trends, 56) es muy clara al respecto: el 33% de las mujeres de 20-30 años que se casa directamente vio roto su matrimonio, mientras que si sumamos las que cohabitaron y luego se casaron y las que cohabitaron sin llegar a casarse nos sale un 66% de mujeres que ven rota su relación de compromiso. Una relación de cohabitación sería el doble de arriesgada que una de matrimonio.
Un tercer trabajo canadiense (A. Milan, Canadian Social Trends, 56, año 2000) comprobó que más del 50% de las uniones en cohabitación quedan disueltas antes de 5 años. Los matrimonios que se rompen antes de 5 años son un 30%

Comentario personal:
Lo siento por tantas parejas que cometen esta estupidez, pero después de unos años me he dado cuenta de que la gran mayoría de las parejas que comienzan su vida común sin casarse, terminan rompiéndose, mucho más que los que no viven juntos hasta el matrimonio. Es pura estadística y lo de "vamos a probar" es un mito. ¿Qué vas a probar? ¿Si soportas que no cierre la tapa del retrete o que se tire pedetes? No eres una lavadora para que te pongan a prueba durante un mes y si no das la talla te devuelvan. Eso es indigno y si alguien te lo propone es que no te merece. Te mereces a alguien que se arriesgue, se juegue la vida entera por ti... pero si te conformas con alguien que apenas te quiera... Chica, es tu problema. Tú sabrás qué eliges y qué le pides a la vida.
Es el fondo, es una cobardía como otra cualquiera, pero si la admites, estás permitiendo que te prueben, que te pongan a prueba, a ver si das la talla. Yo me merezco algo mejor.

De preservativos y otras guarrerías...

La Universidad de Harvard vuelve a dar la razón a Benedicto XVI: los preservativos no combaten el sida
Con la Vida en los Talones: historias de superación y esperanza
Jesús Poveda y Silvia Laforet

        Las evidencias científicas no dejan de avalar la línea propuesta por el Papa Benedicto XVI para acabar con el sida, en especial en África, un continente asolado por esta enfermedad de transmisión sexual. La última de las constataciones la ha proporcionado un estudio de la prestigiosa Universidad de Harvard que afirma que un comportamiento sexual responsable y la fidelidad al propio cónyuge han sido factores que han determinado un drástico descenso de la epidemia del sida en Zimbabue.

        Sectores de la comunidad internacional y de los mass media saltaron en protestas contra Benedicto XVI en 2009. El Santo Padre realizó un viaje pastoral al continente negro, en el avión que le llevó a Camerún afirmó que la postura de la Iglesia es que el problema del sida “no se puede resolver simplemente con la distribución de preservativos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”.

        En 2009 Harvard ya dio la razón al obispo de Roma. En aquella ocasión, Edward Green, el máximo experto en sida de la universidad, afirmó que existe “una relación entre una mayor disponibilidad de preservativos y una mayor tasa de contagios de Sida”. De esta forma el científico avaló las palabras del pontífice.
Las cifras hablan: más fidelidad, menos sida

        Harvard vuelve a confirmar lo que no es un secreto aunque muchos quieran hacer oídos sordos. Lo explica en su última investigación Daniel Halperin, investigador del Departamento para la Salud Global y la Población de la Población de esa universidad estadounidense, que desde 1998 estudia las dinámicas sociales que provocan la difusión de las enfermedades de transmisión sexual en los países en vías de desarrollo, es decir, lo que más están golpeados por el flagelo del sida, según explica Zénit.

        La tendencia de diez años es evidente: desde 1997 a 2007 el índice de infección entre la población adulta ha descendido del 29 al 16 por ciento. Tras su investigación, Halperin no tiene dudas: la repentina y clara disminución de la incidencia del sida ha avanzado con “la reducción de comportamientos arriesgados, como las relaciones fuera del matrimonio, con prostitutas y esporádicas”.

        Halperin ha utilizado datos estadísticos y análisis sobre el terreno, como entrevistas y focus group, que le han permitido recoger testimonios entre personas que pertenecen a los grupos sociales más pobres.

        El estudio, publicado en PloSMedicine.org, ha sido financiado por la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional, de la que ha sido consejero Halperin, y por el Fondo de las Naciones Unidas para la Población y el Desarrollo.
La Santa Sede lo valora positivamente

        El diario vaticano L'Osservatore Romano valoró positivamente el estudio de Halperin al dar la noticia en su edición italiana del 26 de febrero: “Con este estudio –afirmaba el rotativo- Halperin promueve una seria y honesta reflexión sobre las políticas hasta ahora adoptadas por las principales agencias de lucha contra el sida en los países en vías de desarrollo".

        Según el estudio, es evidente que el drástico cambio de comportamientos sexuales de la población de Zimbabue “ha recibido ayuda de programas de prevención en los medios de comunicación y de proyectos formativos promovidos por iglesias”.

        Hace ya unos años Halperin se había preguntado cómo es posible que las políticas de prevención “más significativas hayan sido realizadas hasta ahora basándose en evidencias que resultan sumamente débiles”, es decir, la ineficacia de los preservativos.

        Halperin concluye que es necesario “enseñar a evitar la promiscuidad y promover la fidelidad”, apoyando iniciativas que busquen construir en la sociedad afectada por el sida una nueva cultura. El propio Papa Benedicto XVI afirmó en una ocasión la necesidad de promover una "humanización de la sexualidad".
 

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