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Un fuerte abrazo

viernes, 17 de agosto de 2012

Vocación: Jesús llama a sus primeros discípulos (Mc. 1, 16- 20)

Continuamos con nuestra lectura orante del evangelio de San Marcos...

Primero, nos ponemos en presencia de Dios por espacio de lo que dura un Padre Nuestro dándonos cuenta de quiénes somos con quién vamos a dialogar. Le pedimos que nos conceda la gracia de que el Espíritu Santo nos suscite aquello que el Padre nos quiera decir y que el Santo Espíritu lleve hasta el Padre todo lo que nosotros queremos decirle.

Segundo, tenemos un ratito de tertulia o diálogo con el Padre, con el Hijo, con el Espíritu Santo, con nuestra Madre y con nuestro santo patrono sobre lo que nos preocupa o agobia, penas y tristezas, alegrías, intenciones, planes...

Cuando ya nos vamos quedando sin conversación, le pedimos que a través del Evangelio podamos conocer cada vez más a Jesús para que le amemos y sirvamos más y mejor.


Comenzamos nuestra lectura:

16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.17 Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.»18 Al instante, dejando las redes, le siguieron.19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

Lee el texto una y otra vez, fijándote ora en una palabra, ora en un verbo y cuando retengas en tu memoria todo el texto deja la Biblia a un lado e imagínate la escena como si vieras una película. Mira la escena como si fueras un tercero y luego métete en la piel de Jesús y de cada personaje...

Comprendemos el texto:

En la traducción habitualmente, más literal de la Biblia Cantera-Iglesias, lo que dice Jesús a Simón y Andrés no es "Venid conmigo", sino más bien "Venid detrás de mí".

Por otra parte, Jesús no es un rabí al uso. Nunca un rabí llamaba a sus discípulos. Habitualmente, quien quería aprender de un rabí determinado se lo pedía y pagaba su educación. En cambio, Jesús no acepta dinero de sus discípulos, les llama a vivir como Él vive, a compartir su destino y es Él quien elige a quien quiere.

Contemplamos a Jesús:

Jesús va caminando solo por la orilla del mar de Galilea. Quienes hemos tenido la suerte de viajar a Tierra Santa hemos visto el mismo lago que conoció Jesús... Pocas cosas siguen igual que esas aguas mansas que pueden desembocar en las peores tormentas cuando el viento desencadena la furia del lago de norte a sur...

Jesús va buscando a sus primeros discípulos. No se sabe por qué hace un parón en su predicación del Reino de Dios y apaprece paseando como quien no quiere la cosa en la orilla del lago. Se hace el encontradizo. En otro evangelio se nos dice que pasó la noche en oración. Reza y pide a su Padre que le muestre a quienes debe elegir. Eligió a los que quiso. Nada es casualidad en esta vida, todo es providencia. Ese encuentro con Jesús determinado día es la causa de que hoy nos veamos aquí...

De pronto se topa con Pedro y con su hermano Andrés. Ya les conocía pues Andrés le presentó a su hermano Pedro hace un tiempo y Andrés mismo le buscó después del bautismo de Juan. Ese encuentro marcó su vida. Primero Andrés buscó a Jesús es ahora Jesús quien busca a Andrés y le llama. "Ven conmigo y te haré pescador de hombres". Una ilusión escondida se despertó en el pecho de Andrés.

La vocación nunca es un motivo de tristeza. Puede presentarse acompañada de temor, pero nunca de tristeza o angustia. Quien se entristezca porque Dios pueda llamarle seguramente haya equivocado su vocación. Otra cosa son los desánimos y las desilusiones de la vida, cuando los hombres de Iglesia te defraudan y sientes el peso de la soledad... Pero los comienzos de la vocación siempre son una promesa. Si parece algo impuesto, quizás no sea el momento. Hay que dejar que las cosas maduren...

Muchas veces se presenta quien da testimonio de la propia vocación en términos similares a estos: "Yo era un pobre desgraciado. Nada me llenaba..." No dudo que haya pobres diablos que no tuvieran nada en su vida, pero no fue mi caso y por lo que parece, tampoco es el caso de Pedro y Andrés.

Estos eran hombres rudos, hechos y derechos. Seguramente habrían sufrido decepciones, por supuesto, pero no vivían una vida miserable. Trabajaban, sabían lo que eran las promesas de Dios y eran fieles a su fe, aunuqe no cumplieran todos los preceptos que exigían los fariseos y saduceos.

No pedían demasiado de la vida y por lo que sabemos, Andrés andaba buscando algo más, pero Pedro con los pies en la tierra ya había sufrido demasiadas decepciones como para buscar "misticismos" o "mesianismos" por los que otros más ingenuos suspiraban -y entonces miraba con cierta superioridad a su hermano-.

Sí, su hermano le había acosado hasta que le acompañó a conocer al tal rabí de Nazareth y le había causado una honda imprensión, pero ya estaban otra vez afanados por la necesidad y trabajando duro, que es lo único para lo que sentí que valía. Un hombre increíble ese Jesús, pero ya había pasado página. Y de pronto, aparece, como salido de la nada, como si se los encontrara por casualidad y directamente, sin más preámbulos les ordenaba que le siguieran, que se fueran con Él, que les iba a hacer pescadores de hombres, nada más y nada menos...

Años después, ya viejo se acordaría de sus impresiones de la primera época...

Seguramente, el primero que reaccionó fue Andrés. ¡Cómo les miraría Jesús! ¡Qué pensaría Pedro en ese momento! Pero no era tiempo de consideraciones, sino de dar una respuesta pronta y dejándose llevar por su impulsividad de toda la vida se presenta junto a su hermano. No le van a dejar solo en la barca. Si hay que tirarlo todo  por la borda... ¡al cuerno con todo! Parece que este Jesús sabe lo que hace. Esa mirada... Menuda locura vamos a hacer, pero no me perdonaría perdérmelo por nada del mundo... ¡Cómo se reiría Pedro de sus reacciones cuando ya viejo se las contara a Marcos!

¡Mira, nuestros compañeros de fatigas también se vienen!... ¡Mira la cara de su padre! ¡Qué locura! Bendita locura de amor esta de seguir a Jesús. Rompe tus planes, arrasa con todo que ha llegado la hora del amor. Cristo te llama, no admite componendas. Es ahora o nunca. Cristo pasa una vez por tu vida... Quizás vuelva a pasar o quizás no.

A lo mejor Cristo llamó a otros, como al joven rico aquel, y no respondieron con prontitud y perdieron la ocasión. Como decía el viejo Juan Pablo II en Cuatro Vientos, en el corazón de España gritaba con las fuerzas que le quedaban en el pecho: "Si oyes la llamada de Cristo... ¡No la acalles!"

No puedo seguir, no tengo más que añadir. Mira a Jesús... Te está llamando a ti. Es cierto, no te lo mereces, no das la talla. Otros podrían hacer más y mejor que tú... Tienes muchos pecados y eres indigno del Señor. Quizás nunca te lo habías planteado y hoy lo descubres maravillado, con sopresa infinita. A lo mejor no es el mejor momento... Pero yo no sé por qué, quizás porque está loco o te quiere con locura a ti, se ha fijado en ti, ha puesto en ti sus ojos y hoy te llama. ¡Ahora mismo! Decídete.

1 comentario:

  1. BUEN DÍA
    APROVECHO ESTE ESPACIO PARA COMPARTIRLES QUE HE RECIBIDO UN MILAGRO.
    ESTA ES LA TERCERA VEZ QUE HAGO UNA PETICIÓN A JESÚS MIENTRAS REZO CON GRAN FERVOR Y ES MI TERCER MILAGRO CONCEDIDO.
    REZEN CON GRAN FERVOR, PIDAN Y ESPEREN SU MILAGRO ...
    ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS MI BUEN JESÚS!

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