Siento mucho los retrasos, actualizaré el blog de vez en cuando, pero tened paciencia, please:



La vida de un sacerdote en Madrid es algo compleja, hacemos lo que podemos y que Dios ponga el resto. Si quieres contribuir pide a Dios que nos envíe más sacerdotes.

Un fuerte abrazo

Mostrando entradas con la etiqueta JUNIOR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JUNIOR. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de agosto de 2023

Catequesis juveniles tercero: CARIDAD, GOZO Y PAZ

Las siguientes catequesis las veremos de la mano de "corazones.org"


De los frutos de caridad, de gozo y de paz
Ver también caridad, gozo y paz

Los tres primeros frutos del Espíritu Santo son la caridad, el gozo y la paz, que pertenecen especialmente al Espíritu Santo.

Los tres primeros frutos del Espíritu Santo son los más importantes y los de mayor calado. Derivan directísimamente de Dios y sin ellos no podría empezar la obra de la santificación de nuestra alma. Si no se encuentran en alguien de ningún modo, habría que dudar realmente de si está en gracia.

-La caridad, porque es el amor del Padre y del Hijo
-El gozo, porque está presente al Padre y al Hijo y es como el complemento de su bienaventuranza.
-La paz, porque es el lazo que une al Padre y al Hijo.

Estos tres frutos están unidos y se derivan naturalmente uno del otro.
-La caridad o el amor ferviente nos da la posesión de Dios
-El gozo nace de la posesión de Dios, que no es otra cosa que el reposo y el contento que se encuentra en el goce del bien poseído.
-La paz que, según San Agustín; es la tranquilidad en el orden. Mantiene al alma en la posesión de la alegría contra todo lo que es opuesto. Excluye toda clase de turbación y de temor.

Si Dios te regala la Caridad (el amor que hay en Dios), lo normal es que vivas con una inmensa alegría por el bien alcanzado, que nada te pueda quitar: tribulaciones, cruz, incomprensiones, injusticias... Incluso tu propio pecado y la experiencia de tu debilidad no pueden arrancarte la alegría del Amor de Dios y ello te lleva a vivir en la confianza de ese amor, en la tranquilidad de que si Dios te quiere nada puede ir realmente mal porque sabes que tu Padre es poderoso para cumplir su promesa. Los que viven agobiados por cómo va el mundo, puede ser que les falte esa caridad que les lleve a la paz del corazón.

La santidad y la caridad valen mas que todo
La caridad es el primero entre los frutos del Espíritu Santo, porque es el que más se parece al Espíritu Santo, que es el amor personal, y por consiguiente el que más nos acerca a la verdadera y eterna felicidad y el que nos da un goce más sólido y una paz más profunda. Dad a un hombre el imperio del universo con la autoridad más absoluta que sea posible; haced que posea todas las riquezas, todos los honores, todos los placeres que se puedan desear; dadle la sabiduría más completa que se pueda imaginar; que sea otro Salomón y más que Salomón, que no ignore nada de toda lo que una inteligencia pueda saber; añadidle el poder de hacer milagros: que detenga al sol, que divida los mares, que resucite los muertos, que participe del poder de Dios en grado tan eminente como queráis, que tenga además el don de profecía, de discernimiento de espíritus y el conocimiento interior de los corazones. El menor grado de santidad que pueda tener este hombre, el menor acto de caridad que haga, valdrá mucho más que todo eso, porque lo acercan al Supremo bien y le dan una personalidad más excelente que todas esas otras ventajas si las tuviera; y esto, por dos razones:

1- Porque participar de la santidad de Dios, es participar de todo lo más importante, por decirlo así, que hay en Él. Los demás atributos de Dios, como la ciencia, el poder, pueden ser comunicados a los hombres de tal manera que les sean naturales. Unicamente la santidad no puede serles nunca natural (sino por gracia).

2- Porque la santidad y la felicidad son como dos hermanas inseparables y porque Dios no se da ni se une más que a las almas santas y no a las que sin poseer la santidad, poseen la ciencia, el poder y todas las demás perfecciones imaginables.

Por lo tanto, el grado más pequeño de santidad o la menor acción que la aumente, es preferible, a los cetros y coronas. De lo que se deduce que perdiendo cada día tantas ocasiones de hacer actos sobrenaturales, perdemos incontables felicidades, casi imposibles de reparar.

De modo que realmente la santidad no está en hacer mil cosas eminentes, sino en amar de modo eminente. No muchas cosas, sino amar mucho. Lo que nos acerca a Dios y nos hace semejantes a Él no es ser perfectos, sino ser perfectos en el amor, amar como Él ama. Esto es lo más grande a lo que podemos aspirar en toda la vida y es imposible conseguirlo sino por pura gracia de Dios, si somos capaces de responder con toda nuestra voluntad a esa gracia tan excelsa.

No podemos encontrar en las criaturas el gozo y la paz, que son frutos del Espíritu Santo, por dos razones.

1- Porque únicamente la posesión de Dios nos afianza contra las turbaciones y temores, mientras que la posesión de las criaturas causa mil inquietudes y mil preocupaciones. Quien posee a Dios no se inquieta por nada, porque Dios lo es todo para él, y todo lo demás solo vale en relación a El y según El lo disponga.

2- Porque ninguno de los bienes terrenos nos puede satisfacer ni contentar plenamente. Vaciad el mar y a continuación, echad en él una gota de agua: ¿llenaría este vacío inmenso? Todas las criaturas son limitadas y no pueden satisfacer el deseo del alma por Dios. La paz hace que Dios reine en el alma y que solamente Él sea el dueño. La paz mantiene al alma en la perfecta dependencia de Dios. Por la gracia santificante, Dios se hace en el alma como una fortaleza donde habita. Por la paz se apodera de todas las facultades, fortificándolas tan poderosamente que las criaturas ya no pueden llegar a turbarlas. Dios ocupa todo el interior. Por eso los santos están tan unidos a Dios lo mismo en la oración que en la acción y los acontecimientos más desagradables no consiguen turbarlos.

Preguntas para hacer a los chavales:

1.- ¿Qué te quita la paz? Una cosa es tener preocupaciones y otra quitarte la paz.

2.- ¿Vives con alegría o vives triste? ¿Por qué? Analiza despacito las causas y razones.

3.- ¿Alguna vez has vivido realmente alegre y confiado?

4.- ¿Alguna vez has perdido esa alegría que te dio la propia conversión? ¿Qué pasó?

5.- ¿Qué es lo que te da verdadera alegría y paz?

6. ¿Qué es lo que hace que los santos vivan con tanta alegría en las dificultades?

Tercer curso de juveniles: DONES Y FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO.

 


Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

"1830 La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo."

La vida moral del cristiano sería un tormento imposible de vivir si no fuera por el auxilio del Espíritu Santo, que con su gracia nos capacita para vivir la vida sobrenatural. Hay virtudes que se alcanzan después de mucho luchar, con mucho esfuerzo. Dios, en su infinita bondad, puede regalarnos determinados dones que nos capacitan para seguir con docilidad y alegría los impulsos del Espíritu Santo. Esos dones se convierten en disposiciones habituales o estables, si no los perdemos con el pecado mortal.

"1831 Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.

«Tu espíritu bueno me guíe por una tierra llana» (Sal 143,10).

«Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios [...] Y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo» (Rm 8, 14.17)"

 Los dones del Espíritu Santo llevan a su perfección las virtudes a las que afectan (que ya estudiaremos en cada caso). Son regalos inmerecidos de Dios, que nos hace más fácil el combate de la vida espiritual.

"1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: “caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga 5,22-23, vulg.)."

Los frutos en cambio, a diferencia de los dones (que Dios puede regalarnos o no) son consecuencia sobrenatural de la habitación de Dios en el alma del cristiano. Son la consecuencia sobrenatural del Espíritu Santo. Imaginaos que os independizáis y dejáis que vuestra madre venga a vivir con vosotros. La consecuencia natural de ese permanecer vuestra madre en vuestra casa es que todo va cambiando poco a poco. Al cabo de un tiempo, nadie reconocería vuestra casa por todo lo que vuestra madre ha ido haciendo.

Si constantemente la expulsas de casa, aunque luego vuelvas a invitarla, no podría hacer tanto por ti como si la dejas en paz en casa. Del mismo modo, si constantemente estás cometiendo pecados mortales y, por ello, expulsando a Dios de tu vida, aunque luego te confieses corriendo, evidentemente, no habrá los mismos frutos en tu vida que si no echas a Dios de tu lado por el pecado mortal.

Los dones son regalos que pueden aparecer o no, que puedes recibir o rechazar, incluso; los frutos son las consecuencias "naturales" (sobrenaturales) de la permanencia de Dios contigo. Simplemente por estar con Dios, eso tiene consecuencias muy grandes en tu vida.

Lo siguiente es de la página de "corazones.org":

"El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley."  -Gálatas 5:22-23 

Cuando el Espíritu Santo da su frutos en el alma, vence las tendencias de la carne.
Cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto.

"Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil" Mateo 26:41 

Obras de la carne: Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, rivalidades, violencias, ambiciones, discordias, sectarismo, disensiones, envidias, ebriedades, orgías y todos los excesos de esta naturaleza. (Gálatas 5, 19)

Naturaleza de los frutos Espíritu Santo y la santificación

Al principio nos cuesta mucho ejercer las virtudes. Pero si perseveramos dóciles al Espíritu Santo, Su acción en nosotros hará cada vez mas fácil ejercerlas, hasta que se llegan a ejercer con gusto. Las virtudes serán entonces inspiradas por el Espíritu Santo y se llaman frutos del Espíritu Santo.
 

Cuando el alma, con fervor y dócil a la acción del Espíritu Santo, se ejercita en la práctica de las virtudes, va adquiriendo facilidad en ello. Ya no se sienten las repugnancias que se sentían al principio. Ya no es preciso combatir ni hacerse violencia. Se hace con gusto lo que antes se hacía con sacrificio. 

Aunque es cierto que Dios puede conceder el don directamente, sin ninguna lucha.

Les sucede a las virtudes lo mismo que a los árboles: los frutos de éstos, cuando están maduros, ya no son agrios, sino dulces y de agradable sabor. Lo mismo los actos de las virtudes, cuando han llegado a su madurez, se hacen con agrado y se les encuentra un gusto delicioso. Entonces estos actos de virtud inspirados por el Espíritu Santo se llaman frutos del Espíritu Santo, y ciertas virtudes los producen con tal perfección y tal suavidad que se los llama bienaventuranzas, porque hacen que Dios posea al alma planamente.

La Felicidad
Cuanto más se apodera Dios de un alma más la santifica; y cuanto más santa sea, más feliz es.
Seremos mas felices a medida que nuestra naturaleza va siendo curada de su corrupción. Entonces se poseen las virtudes como naturalmente.

Los que buscan la perfección por el camino de prácticas y actos metódicos, sin abandonarse enteramente a la dirección del Espíritu Santo, no alcanzarán nunca esta dulzura. Por eso sienten siempre dificultades y repugnancias: combaten continuamente y a veces son vencidos y cometen faltas. En cambio, los que, orientados por el Espíritu Santo, van por el camino del simple recogimiento, practican el bien con un fervor y una alegría digna del Espíritu Santo, y sin lucha, obtienen gloriosas victorias, o si es necesario luchar, lo hacen con gusto. De lo que se sigue, que las almas tibias tienen doble dificultad en la práctica de la virtud que las fervorosas que se entregan de buena gana y sin reserva. Porque éstas tienen la alegría del Espíritu Santo que todo se lo hace fácil, y aquéllas tienen pasiones que combatir y sienten las debilidades de la naturaleza que impiden las dulzuras de la virtud y hacen los actos difíciles e imperfectos.

La comunión frecuente perfecciona las virtudes y abre el corazón para recibir los frutos del Espíritu Santo porque nuestro Señor, al unir su Cuerpo al nuestro y su Alma a la nuestra, quema y consume en nosotros las semillas de los vicios y nos comunica poco a poco sus divinas perfecciones, según nuestra disposición y como le dejemos obrar. Por ejemplo: encuentra en nosotros el recuerdo de un disgusto, que aunque ya pasó, ha dejado en nuestro espíritu y en nuestro corazón una impresión, que queda como simiente de pesar y cuyos efectos sentimos en muchas ocasiones. ¿Qué hace nuestro Señor? Borra el recuerdo y la imagen de ese descontento, destruye la impresión que se había grabado en nuestras potencias y ahoga completamente esta semilla de pecados, poniendo en su lugar los frutos de caridad, de gozo, de paz y de paciencia. Arranca de la misma manera las raíces de cólera, de intemperancia y de los demás defectos, comunicándonos las virtudes y sus frutos.



Dando un primer repaso a los dones y los frutos, podemos hacer las siguientes preguntas:

1. Ésta no se comparte con los demás, es para el propio examen de conciencia: ¿qué dones del Espíritu Santo me ha regalado Dios y cuáles me faltan? ¿Mirando los frutos del Espíritu Santo: cuáles son las consecuencias en mi vida concreta de la presencia de Dios o de su ausencia en mi vida? ¿Me doy cuenta con esta consideración que no es lo mismo vivir habitualmente en gracia que vivir sin Dios y no comulgar con frecuencia?

2. ¿Consigo ver la diferencia entre dones y frutos?

3. ¿Cuáles son los dones que más deseo?

4. ¿Me doy cuenta de que mis pecados habituales son los que machacan los frutos que no aparecen en mi vida?

5. ¿Qué estoy dispuesto a hacer para que Dios pueda trabajar mejor mi barro?

Tercer curso de juveniles: LA CARIDAD


 Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: 

"La caridad

1822 La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios."

Es virtud regalada no alcanzada con esfuerzo. Es un don de Dios, sin embargo, como más adelante veremos es necesario usar la voluntad y podemos crecer en ella en un trabajo conjunto entre la gracia de Dios y mi libre correspondencia. Se trata de preferir a Dios por encima de todo y amar a cada persona por amor de Dios. No es amar porque sean majos o se lo merezcan, sino porque Dios me lo pide porque Él mismo les ama. Aquí también se ve que no se trata de amar a los demás hasta despreciarme a mí mismo, pues Dios también me quiere a mí y, por eso, también me tengo que cuidar. Si me despreciara, ofendería a Dios, que ha dado su vida por mí.

"1823 Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (cf Jn 13, 34). Amando a los suyos “hasta el fin” (Jn 13, 1), manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos. Por eso Jesús dice: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). Y también: “Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15, 12)."

La vieja Ley, los mandamientos, aquí se quedan escasos. Tengo que amar como Dios me ama a mí. No me basta con no odiar. Todo lo que el Padre me ha dado, así tengo que dar yo. Igual que el Padre ama a Jesús, dándole todo el ser, dándole todo lo que Él es, así también me ama a mí y de este modo tengo yo que amar.

"1824 Fruto del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo: “Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn 15, 9-10; cf Mt 22, 40; Rm 13, 8-10)."

Realmente, la fe supone esta caridad de querer cumplir los mandamientos de Dios y los mandamientos de Dios son el amor. La plenitud de la Ley es la caridad y la razón de todos los mandatos de Dios. Ésta es la voluntad de Dios, que seamos capaces de amar y que amemos en la medida en la que vamos descubriendo su propio amor por nosotros. Hasta el punto de que la fe se puede definir como la certeza de que Dios nos ama y los actos de amor que nosotros hacemos, son el fruto de la fe. Sin obras de amor, no hay verdadera fe.

"1825 Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía “enemigos” (Rm 5, 10). El Señor nos pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos (cf Mt 5, 44), que nos hagamos prójimos del más lejano (cf Lc 10, 27-37), que amemos a los niños (cf Mc 9, 37) y a los pobres como a Él mismo (cf Mt 25, 40.45)."

Si la caridad es amar como Dios ama, entonces es evidente que tenemos que amar a nuestros enemigos, pues Dios me amó cuando pasaba de Él, incluso cuando le odiaba y despreciaba, Él ya estaba dando su vida por mí. ¿Cómo no voy yo a amar de la misma manera? Y sobre todo que amemos a sus preferidos: los pobres, los sencillos, los más tontos y de los que menos podremos obtener nada.

"El apóstol san Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad: «La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta» (1 Co 13, 4-7)."

 Este texto de San Pablo es fantástico: nos muestra que de lo que está realmente hablando es del amor que Dios nos tiene. Así tenemos que amar nosotros, pero sin la gracia de Dios es absolutamente imposible amar así.

"1826 Si no tengo caridad —dice también el apóstol— “nada soy...”. Y todo lo que es privilegio, servicio, virtud misma... si no tengo caridad, “nada me aprovecha” (1 Co 13, 1-4). La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1 Co 13,13)."

Las virtudes, los méritos, las mortificaciones... Nada tiene sentido si no lo hacemos por amor a Dios. Ésta es la verdadera caridad. No se trata ni siquiera de amar para poder salvarnos, ni de devolver favores o parecer que somos buenos. Todo tiene sentido, exclusivamente desde el amor a Dios y el amor de Dios. La fe es fiarse, la esperanza es confiar, la caridad es la raíz de las tres virtudes teologales, su centro y su razón de ser. De nada aprovecha la fe, sino va dirigida a la caridad. Por mucha fe que tengas, si no amas por puro amor de Dios, no te salvas.

"1827 El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad. Esta es “el vínculo de la perfección” (Col 3, 14); es la forma de las virtudes; las articula y las ordena entre sí; es fuente y término de su práctica cristiana. La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino."

La caridad es el centro, el fundamento y la razón de toda la vida cristiana. Sin caridad, ya puedo vivir una pureza exquisita y no pecar nunca, que simplemente por no amar ya estaría pecando. La caridad es la que hace divino todo lo que tú realices en esta vida. La caridad es el amor de Dios, a través de ti. Dios puede amar a quien tú te entregues.

"1828 La práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano la libertad espiritual de los hijos de Dios. Este no se halla ante Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en busca de un jornal, sino como un hijo que responde al amor del “que nos amó primero” (1 Jn 4,19):"

Sin esta caridad, nuestra vida estaría sometida a la esclavitud, lo que garantiza tu libertad es la vivencia de la caridad. Si haces las cosas por un motivo distinto de la verdadera caridad, acabarás siendo esclavo de tus pasiones, de lo que pienses de ti, de un persona de la que dependas... Sólo vivir del amor de Dios te hará libre. Por que sólo Dios te ama por ti mismo y no por lo que pueda obtener de ti, que es lo que nos esclaviza.

"«O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a mercenarios, o finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda [...] y entonces estamos en la disposición de hijos» (San Basilio Magno, Regulae fusius tractatae prol. 3)."

 Sólo quien actúa por puro amor de Dios se aparta del servilismo o del interés propio, que reduce nuestro corazón y envilece nuestra mirada y la pureza del corazón.

"1829 La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión:

«La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos» (San Agustín, In epistulam Ioannis tractatus, 10, 4)."

 Si amas como Dios te ama, si vives la caridad, entonces disfrutarás con la presencia de Dios en tu vida, te llenarás de paz, sabiendo que estás donde Dios te quiere y además, vivirás sabiendo reconciliar a todas las personas, rescatando lo que de bueno haya en cada uno. La caridad exige también la valentía de saber corregir. Caridad no es el "buenismo" de pensar que todos lo hacen todo bien, sino que tiene el coraje de corregir buscando lo mejor para el otro. Eso motiva que los demás también vayan aprendiendo a amar cada vez más, suscita un cambio en todos y nos conduce a la comunión entre todos y con Dios. Además, es muy importante que no se mezcle con egoísmos, soberbias y vanidades, sino hacerlo todo por puro amor de Dios. Es la verdadera y más auténtica forma de amistad. 

Que todo en nuestra vida nos lleve a esa caridad, es la finalidad de toda la economía de la salvación, de todo proyecto de Dios. Es la voluntad de Dios por antonomasia.

Ésta es la santidad.


Preguntas para hacer a los chavales:

  1. ¿Cómo entiendes tú la santidad?
  2. ¿Qué es lo que Dios quiere para ti?
  3. ¿Qué es lo que Dios quiere de ti?
  4. ¿Cuál es la verdadera razón por la que debemos amar a cada uno?
  5. ¿En qué consiste realmente el amor?
  6. ¿Qué es lo más importante de la vida cristiana?
  7. ¿Para qué Cristo nos ha dado la Iglesia, el evangelio y la gracia?
  8. ¿Cómo tengo que amar?
  9. ¿Amar es ser bueno con todos y no corregirles para mostrarles cariño?
  10. ¿Es necesario tener relación con Dios, vivir los sacramentos, para poder vivir la caridad? ¿Por qué?
  11. ¿Qué has aprendido en esta catequesis?

viernes, 21 de julio de 2023

Catequesis Juveniles tercero: LA ESPERANZA

 LA ESPERANZA COMO VIRTUD TEOLOGAL:

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

"1817. La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. “Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (Hb 10,23).  “El Espíritu Santo que Él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna” (Tt 3, 6-7)."

Uno que no desee el cielo no tiene esperanza cristiana. En el fondo, la esperanza es desear estar en plena comunión con Dios y llegar a gozar de su presencia eternamente. Vivir ya siendo inasequibles al pecado, en santidad, gozando del amor de Dios y amando como Dios definitivamente y para siempre. Eso es el cielo.

Mi alegría ya no es que las cosas salgan bien, sino agradar a Dios y gozar de Él.

Confiar en que esto es posible no por mi méritos, sino porque Cristo me lo ha prometido y fiado en la fuerza de su gracia, que lo va a hacer posible. Sé que aunque parezca que no puedo, Dios va a hacer su obra y sus maravillas conmigo y con vosotros. Por eso, doy prioridad a buscar la gracia de Dios, por encima de cualquier otra consideración.

"1818 La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad."

La virtud de la esperanza nace del deseo de felicidad con el que Dios nos ha creado. Asume todas las esperanzas humanas de las actividades que llevamos a cabo y las purifica. Protege de la amargura, del cansancio existencial, agranda el corazón para que desee el cielo. La esperanza es la antesala de la caridad, prepara el corazón y lo alegra con el gozo de haber alcanzado a Dios y preserva del egoísmo.

"1819 La esperanza cristiana recoge y perfecciona la esperanza del pueblo elegido que tiene su origen y su modelo en la esperanza de Abraham en las promesas de Dios; esperanza colmada en Isaac y purificada por la prueba del sacrificio (cf Gn 17, 4-8; 22, 1-18). “Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones” (Rm 4, 18)."

La esperanza cristiana es la perfección de aquella esperanza que ya el Pueblo de Israel empezó a vivir, anhelando las promesas de Dios en el Antiguo Testamento.

"1820 La esperanza cristiana se manifiesta desde el comienzo de la predicación de Jesús en la proclamación de las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero por los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en “la esperanza que no falla” (Rm 5, 5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme, que penetra... “a donde entró por nosotros como precursor Jesús” (Hb 6, 19-20). Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación: “Revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación” (1 Ts 5, 8). Nos procura el gozo en la prueba misma: “Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación” (Rm 12, 12). Se expresa y se alimenta en la oración, particularmente en la del Padre Nuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear."

La manifestación plena de la esperanza son las bienaventuranzas, aquellas sentencias con las que Cristo nos enseña que vamos a ir al cielo si somos pobres, si sabemos llorar... Son el camino al cielo. Al final, quien tiene esperanza sabe subirse con Cristo a la Cruz, deseando con todas sus fuerzas el Cielo. Da igual lo que aquí tengamos que pasar. Quien tiene esperanza, sabe aferrarse a Cristo, sin soltarse, hasta llegar al Reino de los Cielos. Incluso en las pruebas y dificultades sabe encontrar la alegría de saberse con Jesús y ésta es la máxima alegría del que tiene esperanza.

"1821 Podemos, por tanto, esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman (cf Rm 8, 28-30) y hacen su voluntad (cf Mt 7, 21). En toda circunstancia, cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, “perseverar hasta el fin” (cf Mt 10, 22; cf Concilio de Trento: DS 1541) y obtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las obras buenas realizadas con la gracia de Cristo. En la esperanza, la Iglesia implora que “todos los hombres [...] se salven” (1Tm 2, 4). Espera estar en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo:

«Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin» (Santa Teresa de Jesús, Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3)"

Amar a Dios y hacer su voluntad es lo que nos lleva a esperar el Cielo, si perseveramos hasta el final. No importa las veces que caigas, no importa cumplir objetivos, sino luchar todos los días de nuestra vida, esperando que Dios venga a nuestro encuentro. De hecho, la esperanza incluye trabajar por la salvación de todos. Esperamos no sólo llegar nosotros al cielo, sino llevarnos a todos con nosotros a la casa del Padre.


Vemos que la esperanza es:

1. una virtud infundida por Dios;

2. una virtud operativa, porque tenemos fe luchamos todos los días por llegar al cielo, amando a Dios y cumpliendo su voluntad;

3. es confiar en la salvación que Dios nos da por su gracia, no pensar que todo vaya a salir como yo quiero;

4. estar alegre incluso en las pruebas y contradicciones;

5. nace de la fe y nos lleva a la caridad;

6. Virtud apostólica, nos lleva a desear el cielo también para todos.


Preguntas para la catequesis:

1.- ¿Alguna vez me planteo que el fin de nuestra fe es llegar a entrar en comunión con Dios en el cielo?

2.- ¿Vivo con esperanza o me desespero por mi incapacidad, mis pecados....?

3.- ¿Lucho todos los días por vivir en gracia, por beneficiarme de todos estos regalos de la misericordia de Dios? ¿O me centro sólo en mis logros personales, mi trabajo, mis estudios?

4.- ¿Hago apostolado, evangelizo o bien no espero que nadie pueda vivir con Jesús?

5.- ¿Confundo la esperanza con pensar que sólo por ser cristiano todo me va a salir bien en la vida?









martes, 18 de julio de 2023

Catequesis juveniles tercero: LA FE

 

LA FE COMO VIRTUD TEOLOGAL:

Antes de analizar qué es la fe cristiana, teneos que responder a una pregunta anterior: ¿Qué son las virtudes teologales?

Dice el Catecismo:

"1812 Las virtudes humanas se arraigan en las virtudes teologales que adaptan las facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina (cf 2 P 1, 4). Las virtudes teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino.

1813 Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Tres son las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad (cf 1 Co 13, 13)."


Las virtudes teologales son hábitos estables, necesitan actos voluntarios habituales para crecer y enraizarse en nuestra naturaleza, pero vienen directamente de Dios. Esto es, son un regalo de Dios, pero que nosotros tenemos que acoger libremente y hacerlas crecer con actos diarios. Estas virtudes teologales son las que nos capacitan para recibir todas las gracias de Dios y animan y fortalecen todas las virtudes morales que podamos alcanzar. Son las que les dan dirección y sentido. La fe, la esperanza y la caridad son las que guían, fortalecen y dan un sentido a todas las virtudes humanas.

Que sean un regalo de Dios no significa que Dios no quiera dar ese regalo a todos, sino que pueden rechazarse. Habitualmente, nos encontramos con gente que dice: "Si a mí me gustaría tener fe, pero Dios no me lo ha regalado". Eso es una terrible mentira. Si alguien quiere tener fe, no tiene que hacer más que buscar la verdad, acercarse a Dios y a la Iglesia. El problema es que muchas personas no están dispuestas a hacer nada, como si Dios tuviera que hacerlo todo, pero nosotros debemos disponernos para recibir la gracia.

Una vez que ya sabemos qué es una virtud teologal podemos estudiar ¿qué es la fe?:

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

"1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la fe” (Rm 1, 17). La fe viva “actúa por la caridad” (Ga 5, 6).

1815 El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella (cf Concilio de Trento: DS 1545). Pero, “la fe sin obras está muerta” (St 2, 26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.

1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos [...] vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo [...] aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33)."


Vamos despacio, por la fe creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y que La Iglesia (que tiene la autoridad de Cristo) propone. Esto es , no sólo creemos que Dios existe, sino que confiamos en Él, en todo lo que nos dice y en que nos cuida. También creemos en lo que la Iglesia propone, como si viniera del mismo Dios.

Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios. Nadie puede ser obligado a creer, pero si tenemos fe nos entregamos del todo, no sólo una parte o en algún aspecto. Si crees en casi todos los dogmas, no eres cristiano. Para ser cristiano no creemos porque nos parezca razonable (aunque sí es razonable), creemos porque le damos a Dios y a la Iglesia autoridad. De modo que si hay algo de la fe que no estoy de acuerdo, intentaré comprenderlo, pero lo aceptaré en contra de mi inteligencia (equivocada) porque me fío más de Dios que de mí.

Le fe no es sólo conocimiento. La fe sobretodo son obras, es vida. Es vivir conforme a la voluntad de Dios. Vemos que el sentimiento no entra para nada. Podemos tener sentimientos, son muy bonitos, a veces necesarios, pero los sentimientos no son la fe. La fe es una virtud de la voluntad, que pone de rodillas ante Dios a la inteligencia.

La fe se puede perder a raíz de pecar contra ella. Si no nos formamos, si admitimos dudas voluntarias sin tratar de solucionarlas, si voy decidiendo cada vez más cosas sin contar con Dios o no me fío de Él y pongo mi confianza en otras cosas, puedo perder la fe de modo progresivo y sin darme cuenta.

No se trata solamente de creer en unas verdades, si mi fe no mueve mi vida, si la fe no me lleva a tomar decisiones concretas entonces está muerta. La fe me tiene que llevar a la esperanza y a la caridad. se podría decir que es una única virtud: la fe, la esperanza y la caridad. La fe es confiar, porque te fías esperas y porque te fías amas. Obras son amores. Si no voy a Misa, si no rezo, si la fe no me lleva a amar y a perdonar, si ante cualquier ataque no espero que Dios me ayude... ¿Qué fe tengo?

Sólo si vivo en gracia habitualmente y vivo con Cristo y lucho cada día, puedo mantener la fe a largo plazo.

Cuando he dejado de ir a Misa, he abandonado el grupo, he ido rezando menos... ¿A que progresivamente he ido perdiendo la fe? Cuando en verano no he cuidado la fe, ¿verdad que al llegar el nuevo curso estaba mucho más flojo que en el campamento?

Por último, si no tengo ningún afán apostólico, si no quiero difundir la fe entre mis amigos, compañeros y familiares, entonces es que apenas tengo fe. La fe incluye una necesidad de comunicarla, de difundirla, de compartirla. Cuando lo mejor de tu vida es Cristo, quieres dárselo a todos los que amas. Si no quieres compartirlo puede haber 2 problemas: 1) que tu fe sea sólo doctrinal, no te has encontrado con Jesús, ni vives con Él, ni te aporta nada, nada más que exigencias, por eso no consideras que sea necesario hablar de Él; 2) que no te fíes de tus amigos, pienses que no son capaces de convertirse o comprenderte, o que se van a alejar de ti... Entonces el problema es de falta de caridad.


Preguntas para compartir en la catequesis:

1.- ¿Crees que eres más inteligente que la Iglesia?, ¿crees que eres la medida de todo razonamiento y que lo que tú no comprendas no puede ser verdad?

2.- ¿Crees todo lo que dice la Iglesia? ¿Crees todo lo que dice el nuevo Testamento? O piensas que están desactualizados, que no son verdaderamente lo que Dios dice.... ¿Hay algún tema que te cueste ver la verdad de lo que dice la Iglesia? (Suelen ser problemas morales habitualmente).

3.- ¿Agradezco a Dios el don de la fe y lo cuido con actos voluntarios para que crezca y pido más fe a Dios?

4.- ¿Vives conforme a tu fe? ¿O la has convertido en una fe doctrinal que no tiene nada que aportar a tu vida o hay algún aspecto de tu vida que no estés dispuesto a vivir como dice la fe?

5.- ¿Vives con Jesús habitualmente o sólo haces lo que se te dice? ¿Eres consciente de que Dios está contigo, te ama y te habla o vives una fe de mandamientos y exigencias?

6.- ¿Cultivas tu fe o la descuidas?, ¿Cuidas tu trato con Dios? ¿Vas a Misa no sólo los domingos y haces oración diaria?

7.- ¿Te da vergüenza hacer apostolado o crees que tu amigos no van a ser capaces de convertirse, que es inútil? ¿Haces apostolado, evangelizas, invitas a la gente a planes y actividades donde puedan encontrarse con Jesús? ¿Cuentas lo que haces y lo que vives o en tus ambientes nadie sabe lo que Jesús hace contigo?











viernes, 4 de enero de 2019

Nacimiento de Jesús: Lc. 2, 1- 7



Nacimiento de Jesús


 Lc2 1 Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2 Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3 Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. 4 También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, 5 para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito* , lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. 

Explicación y preguntas

1.- En un momento muy concreto de la historia humana, de pronto, nace Jesús. No es un cuento, no es un acontecimiento que ocurra cada día, tampoco es que Dios tome un cuerpo, como dicen los paganos que hacía Zeus cuando bajaba a la tierra...
En un momento dado, en nuestro pasado histórico, Dios se hizo hombre. Asume realmente nuestra naturaleza, cuerpo y alma. Dios estuvo con nosotros en unas coordenadas espacio temporales concretas. El Hijo de Dios ya no estaba en todas partes, sino que se concretó y sólo estaba en un lugar muy concreto de la geografía mundial. Y, a partir de ese momento, nunca dejará de ser hombre. cuando lleguemos al cielo, resucitemos después y podamos verle, veremos a Dios hecho hombre para siempre. Se ha unido a nosotros definitivamente y nunca dejará de ser uno de los nuestros.

¿Por qué crees que Dios quiso hacerse hombre (y no vale decir para salvarnos)? ¿Por qué después de resucitar no dejó de ser hombre?

2.- Dios se somete al arbitrio de los hombres, parece como que ya desde el principio, Jesús sea zarandeado por la voluntad de los hombres. No puede ni nacer tranquilamente, sino que sus padres, a punto de dar a luz María, tienen que ponerse de viaje para cumplir la voluntad del emperador romano. Asume todas las vicisitudes de nuestra condición: sufrirá frío, hambre, injusticias... Se enfadará, tendrá miedo, se pondrá triste y estará alegre... Todo lo que nos pasa a nosotros, le pasó a Él, menos el pecado. Tienen que viajar para que conste que son familia del rey David, por eso tienen que ir a la ciudad de David, que era Belén.

¿Cómo puede ser que Dios todopoderoso acepte someterse a la injusticia humana? ¿Por qué crees que se sometió? ¿Por qué crees que Dios no se lo puso fácil a la Sagrada Familia, que tuvieron que buscarse la vida primero en Nazareth, luego en Belén, posteriormente en Egipto y al final otra vez en Nazareth? Si tanto les quería Dios, que era la familia de su propio hijo ¿por qué no les puso las cosas más fáciles?

3.- Resultó que apenas les dió tiempo a llegar a Belén, en seguida María se pone de parto. No tenían sitio en la posada. Nadie les cede una habitación principal. Seguramente sí habrían podido pagar un lugar en la estancia común de la posada, pero San José se niega a que María tenga que dar a luz al niño en medio de todo el mundo. Buscan una habitación privada y no la encuentran. Prefieren un pobre establo, pero sin tener que compartirlo que la calidez de la posada teniendo que hacinarse en medio de muchas otras cosas/gentes. A lo mejor, nosotros no somos los mejores, pero podemos reservárselo todo a Jesús. Él prefiere eso.

Si Dios hoy naciera, en tu vida tendría una habitación privada para Él o ¿tendría que compartir tu vida con otros miles de deseos? ¿Reservas lo mejor de tu vida y de tu tiempo para Dios o se tiene que conformar con los despojos? ¿Te fastidia que luego no tengas una experiencia grande de estar con Jesús? Es que Él es celoso y no se conforma con las migajas. Piensa y verás que sólo cuando le dedicas un tiempo para Él entonces Él viene a estar contigo... Piensa lo que ocurre en las convivencias...

4.- "Lo envolvió en pañales..." Durante lo que duró la niñez de Jesús no sabía hablar, se meaba y se cagaba encima, lloraba, en todo necesitaba a sus padres... Impresionante ver cómo Dios ha querido necesitar a sus padres. Dios para su hijo no elige la riqueza, la abundancia, la prosperidad material, ni que todo le vaya bien, sino más bien al contrario.

¿Te has parado a pensar lo que significa que Dios se haya hecho niño?  ¿Por qué nos fastidia tanto necesitar a los demás? ¿Por qué todo nuestro afán es ser autosuficientes? ¿Si Dios quiso necesitar a sus padres, quizás quiera necesitarte a ti también, para qué crees que Jesús puede necesitarte a ti? ¿qué significa se haya hecho un niño pobre sin  nada propio en este mundo? ¿Qué prefiere Dios? ¿Qué prefieres tú?

5.- "... y lo recostó en un pesebre". Lo acuestan en el lugar donde comen las bestias. El nombre de la ciudad donde nace Jesús, Belén, significa "casa del pan". De alguna forma ya se nos está diciendo que Jesús quiere ser tu alimento. El alimento es aquello que trituras y tragas para nutrirte. Jesús no tiene miedo de que le uses, de que le tritures con tal de alimentarte.

¿Cómo puedes alimentarte de Jesús? ¿En qué te aprovecha (para que sirve) alimentarte de Jesús? ¿Te alimentas realmente de Jesús?

miércoles, 2 de enero de 2019

Nacimiento de Juan el Bautista (Lc. 1, 57-80)


Para los judíos era necesario dar fruto en la vida, ¿cuál es el fruto que has dado por ahora? ¿Cual crees que puede ser el fruto de tu vida?



Nacimiento de Juan 

57 A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. 58 Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. 59 A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 60 pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». 61 Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así». 62 Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. 63 Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. 64 Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. 65 Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. 66 Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. 67 Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo: 68 «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, | porque ha visitado y redimido a su pueblo, 69 suscitándonos una fuerza de salvación | en la casa de David, su siervo, 70 según lo había predicho desde antiguo | por boca de sus santos profetas. 71 Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos | y de la mano de todos los que nos odian; 72 realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, | recordando su santa alianza 73 y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos 74 que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, | le sirvamos 75 con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. 76 Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, | porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, 77 anunciando a su pueblo la salvación | por el perdón de sus pecados. 78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, | nos visitará el sol que nace de lo alto, 79 para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, | para guiar nuestros pasos por el camino de la paz». 80 El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel

Explicación: (las preguntas van al final de cada punto en letra inclinada)

Resultado de imagen de Zacarías y Juan bautista1.- Mientras la Virgen María está con ella, Isabel da a luz a su hijo. Para los judíos, la esterilidad se entendía como una maldición de Dios o castigo por los pecados, por eso entienden el alumbramiento como una misericordia de Dios. Por otro lado, también es cierto que nadie tiene un derecho a tener hijos, cada nacimiento es fruto de una bendición y regalo de Dios que no nos merecemos. Por eso, la adopción no es un derecho de los padres, sino de los niños. Nadie tiene derecho a tener un niño, pero los niños sí tienen derecho a tener padres que les puedan educar y amar. 


2.- Se les circuncidaba siempre a los ocho días, en cuanto podían aguantar el rito, que consistía en cortar el pellejito que rodea al pene. El origen de esta tradición era muy antiguo. Al principio era simplemente por salud, en zonas de desierto, con poca higiene, cortar el prepucio era evitar muchas infecciones posteriores. En época de Abraham y luego de Moisés pasó a tener un significado religioso. Con Abraham era un distintivo familiar y con Moisés se convirtió al sello que te unía al Pueblo elegido y te hacía heredero de las promesas y propiedad de Dios.

¿Cuál es el distinitivo de los cristianos? ¿Por qué se nos debería caracterizar?

3.- Era el padre quien debía poner el nombre al niño. Era el rito por el que constaba que el niño era suyo. El padre lo elevaba por encima de su cabeza y le imponía el nombre. Así lo adoptaba o reconocía como propio. Habitualmente los judíos ponían un nombre común a la familia o con un significado especial. Nadie de su familia se llamaba así, por eso los judío identificaron que el nombre era un intento de definir cuál iba a ser la misión del niño. En el apocalipsis se nos dice que cuando Cristo vuelva con gran poder y gloria nos dará a cada uno una piedrecita blanca en la que estará grabado nuestro verdadero nombre, que sólo Dios conoce. Acordaos que conocer el nombre de alguien suponía dominarle, por eso Dios nunca dijo al pueblo de Israel su nombre, porque era Él quien debía guiar a Israel, no al revés. Juan significa: "El que es fiel a Yahvéh".

¿Cómo podríamos conocer nuestra vocación, lo que Dios quiere para nosotros?

4.- Cuando Zacarías cumple lo que Dios le ha mandado, es perdonado y recupera el habla. Dios ha perdonado su falta de fe y de esperanza. Cuando no queremos reconocer a Dios, ni obedecerle nos pasa eso mismo, que se nos embota el alma y no somos capaces de atender a lo esencial. Cuando te conviertes y no quieres pecar más y quieres cumplir la voluntad de Dios recuperas realmente el sentido y puedes volver a vivir una vida plena. Sin Dios, a la vida le falta color y profundidad.

¿Alguna vez has pasado de Dios y luego te has dado cuenta de todo lo que habías perdido por el camino? ¿Qué se siente cuando después de un tiempo vuelves a Dios? ¿Es igual de fácil conocer a verdad estando cerca o lejos de Dios?

5.- ¿Qué significa que la mano del Señor estaba con Él? También se habla del dedo de Dios en alguna otra ocasión. Es un modo de decir que Dios se manifiesta a través de esa persona o esa comunidad (también se refiere a la Iglesia en los Hechos de los Apóstoles de ese modo). De alguna manera, era visible que Dios obraba a través de Juan. Juan hacía las obras de Dios y actuaba también con el poder de Dios.

¿Has pensado que cada uno de nosotros tenemos que ser Cristo, una manifestación de Dios al mundo? ¿Cómo tendríamos que vivir para poder manifestar lo que Dios es a los demás?

6.- Zacarías se llena del Espíritu Santo. esto es que el Espíritu Santo le inspira este canto que no se refiere a su hijo. La salvación de Israel será Jesús. Será Cristo quien nos libre de las manos de nuestros enemigos. Juan es simplemente su profeta, que irá delante del Señor a preparar sus caminos. el heraldo que anuncia la salvación. Si rezas tranquilamente con este texto comprenderás qué suponía para Israel la venido de Jesús. La liberación del pecado, la salvación. La guía definitiva del pueblo desde la oscuridad hasta la luz permanente, que no declina cada día.

¿Qué supone para ti que Dios haya venido a la tierra y se haya encarnado? ¿Por qué eso es importante?

7.- El niño crecía y se fortalecía en el espíritu. Esto es lo que todos los padres deberían hacer con sus hijos. Y vivía en el desierto para no contaminarse con este mundo, pues tenía que mantenerse limpio, libre y aferrado a Dios para poder cumplir su misión.

¿Tú cada vez estás más cerca de Dios? ¿Qué te ayudaría a ser cada vez más fuerte tu unión a Dios? ¿Tus padres te acercan a Dios? ¿Quién te ayuda a prepararte para lo que Dios puede querer de ti?

domingo, 30 de diciembre de 2018

La visitación de María a su prima Isabel (Lc. 1, 39-56)

María visita a Isabel


39. En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;
40. entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
42. y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;
43. y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
44. Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
45. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
46. Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
47. y mi espíritu = se alegra en Dios mi salvador =
48. porque = ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, = por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
49. porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, = Santo es su nombre =
50. = y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. =
51. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
52. = Derribó a los potentados = de sus tronos = y exaltó a los humildes. =
53. = A los hambrientos colmó de bienes = y despidió a los ricos sin nada.
54. = Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia =
55. - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»
56. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.


1.- Explicación:

Seguramente, la Virgen María no iría sola a ver a su prima. En aquella época, los viajes no se hacían así, sino que frente a los posibles peligros aprovechaban alguna caravana comercial para incluirse entre los viajeros pagando un canon.
Resultado de imagen de maría visita a isabelSi cuando el ángel anunció a María, Isabel estaba de seis meses, cuando llegó María coincidiría con los últimos meses de embarazo de Isabel. Recordemos que Isabel se había recluído en casa hasta el tiempo del parto.
La Virgen María no sólo acude a casa de su prima para ayudarla, sino que el ángel le ha dado una pista: tu prima puede entenderte porque ha pasado por una situación parecida.
Juan, en el seno de su madre, es capaz de reconocer la presencia de María y salta en la tripa de Isabel de alegría.  Juan y Jesús, ya tienen vida y son independientes de sus madres ya antes de nacer, desde el mismo momento de su concepción.
Concretando, la Virgen María se pone en camino con dos finalidades: una, ayudar a su prima en la última época del embarazo y en los primeros meses después del alumbramiento; dos, necesita hablar tranquilamente con su prima de todo lo que también le ha pasado a ella para poder compartirlo y entender bien cual es su misión.
Juan, en el seno de su madre salta de alegría al darse cuenta de que Jesús llega. No son sentidos extrasensoriales, percibe los sentimientos de su madre, cuando Isabel escucha el saludo de María. Por otro lado, el Espíritu Santo embarga a Isabel que profetiza y habla en nombre de Dios. Dios comunica a Isabel que María está embarazada de la segunda persona de la Santísima Trinidad y por eso, Isabel dice lo que dice. ¡Qué maravilla que nos regale la segunda frase del Avemaría! "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús" y se estremece de alegría porque María le trae al niño a su casa.
Esa venida del ES sobre Isabel no es un pentecostés anticipado, no tiene nada que ver con la gracia de Dios, con participar de la vida divina, es simplemente que Dios ilumina a la persona para que pueda profetizar, como cuando el sumo sacerdote profetiza que Jesús debía morir por el pueblo.
Y María se pone a alabar a Dios por las maravillas que ha hecho por ella y en ella. La humildad no es negar que valgamos nada, ni pensar que somos un asco de gente. La verdadera humildad está en reconocer la verdad: que todo lo bueno que tenemos se lo debemos a Dios, agradecérselo y ponerlo en acto. Como hizo la Virgen María toda su vida.
Es ahora, con la venida de Jesús, que Dios se ha apiadado de su pueblo y va a salvarlo definitivamente.Es ahora que todas las promesas del Antiguo Testamento van a cumplirse y Dios por fin se apiada de los pecadores. Es ahora cuando los pobres, los desahuciados, los que necesitan un defensor van a ver cómo Dios mismo les socorre en su Hijo Jesucristo. Es ahora cuando todos vamos a tener lo que nos merecemos. Éste es el canto de una persona pobre, que ha experimentado todo tipo de injusticias y clama cuando ve que se acerca su libertador. 



3.- Preguntas:

1.- ¿Por qué crees que la Virgen María se pone en camino para buscar a Isabel? ¿Tú buscas consejo o crees que no necesitas a nadie? ¿Cómo reaccionas cuando alguien que te quiere te aconseja? ¿Tus padres suelen acertar? ¿por qué te enfadas entonces cuando te dicen algo? ¿Estás tan disponible como María cuando sabes que alguien te necesita? ¿Sabes qué es la dirección espiritual?
2.- ¿Te has dado cuenta de que la primera parte de la oración del Avemaría son todo frases del evangelio?
3.- ¿Te has dado cuenta de que en este evangelio se nos pone en la pista de que quien cree en lo que el Señor promete va a ser feliz? No se trata sólo de saberlo intelectualmente, sino que si vives, si obedeces a Dios, vas a ser muy feliz?
4.- ¿Eres consciente de todo lo que Dios ha hecho por ti?, ¿de todo lo que te regala?, ¿se lo agradeces habitualmente? ¿o crees que todo lo has conseguido tú?, ¿pones por obra los dones que Dios te ha dado, los ejercitas en servicio de los demás o te aprovechas tú solo?
5.- ¿Tú eres de los que claman por la justicia o de los que cometes injusticias?


sábado, 3 de noviembre de 2018

Palabra de vida: Lc. 1, 29-38

Anuncio del nacimiento de Jesús


El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo»* . 29 Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31 Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 34 Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». 35 El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36 También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37 porque para Dios nada hay imposible». 38 María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

1.- Explicación.

(Se hace breve recapitulación de la catequesis anterior...)


[Significado de "turbar": Alterar el ánimo de una persona confundiéndola o aturdiéndola hasta dejarla sin saber qué hacer ni qué decir.]

Nuestra Madre, la Santísima Virgen María no está acostumbrada a pensar en sí misma. Las palabras del ángel no sabe cómo tomarlas y queda turbada. No sabe muy bien qué responder. En su prudencia natural, queda dándole vueltas a qué significa tan saludo. Tampoco ha estado nunca delante de un ángel. Se queda impresionada ante la manifestación de la Gloria de Dios, que provoca el ángel.

San Gabriel se adelanta y le tranquiliza: <<No temas, María>>... Le llama por su nombre con una dulzura y un cariño que la chiquilla que tiene delante se relaja. No olvidemos que el que María sea inmaculada, no quiere decir que lo sepa todo o que su organismo no reaccione con temor ante manifestaciones desconocidas. Es una niña adolescente (entre 12 y 15 años), que como muy lejos ha ido siempre arropada de Nazareth a Jerusalén y vuelta a casa. Nunca ha tenido apariciones extraordinarias y por eso se turba ante la presencia del ángel y sus palabras.

¿Qué es y quién es ese ángel? Un ángel es un mensajero de Dios, espíritu puro, no tienen cuerpo. Son manifestación de la Gloria y el Poder de Dios, por eso quienes los ven se quedan llenos de temor. En el caso de los pecadores, ese temor aumenta por la fuerza de la justicia de Dios y te quedas empequeñecido ante la muchedumbre de tus culpas. En el caso de María, ese temor no existe, pues no tiene miedo a la Justicia infinita de Dios, pues siempre le ha amado y servido. Pero sí queda sobrecogida ante la Omnipotencia de Dios. Una cosa es que no tenga pecados y otra muy distinta es que siendo criatura, se turba grandemente ante la diferencia que hay entre Dios y sus criaturas.

Gabriel, además es de los ángeles más grandes que Dios ha creado. Aquel a quien Dios envía en su embajadas más delicadas. Cuatro veces sabemos que intervino en la Biblia: nosotros acabamos de ver dos de sus misiones: a Zacarías y a la Virgen María, pero además se apareció a Daniel por dos veces para darle importantes embajadas de Dios, en los capítulo 8 y 9 del libro de Daniel.

<>... María se ha hecho agradable a Dios y por eso Dios la quiere para Sí. ¿Por qué vas a tener miedo si eres la preferida de Dios?

 <> ¿Qué significa el nombre de Jesús? A veces, a Jesús se le llama Emmanuel, eso significa Dios con nosotros. Pero esta vez le llaman Jesús: Dios salva. Esto es, que el hijo que María va a concebir en su vientre y a dar a luz, va ser el mismo Dios para salvarnos. Jesús es el heredero de David, pero además es Dios. Pero cómo puede ser que su reino no tenga fin, si nadie parece que le haga caso. ¿Dónde está ese reino de Jesús?, ¿de quién es rey? ¿sobre quién manda? Eso es lo que cada uno de nosotros tiene que plantearse. ¿Tú quieres que Jesús sea tu rey? ¿Estás dispuesto a obedecerle?

Inmediatamente, María hace una pregunta a Gabriel. No es como la pregunta de Zacarías, quien dudaba que fuera posible tener un hijo, la pregunta de María no parte de una duda de fe. Sabe que va a ocurrir, lo que pregunta es qué tiene que hacer ella. Pues no ha tenido relaciones con ningún hombre y todavía no ha completado su matrimonio con José. Es como si preguntara: ¿tengo que adelantar la boda?

Cuando conocemos lo que quiere Dios de nosotros, tenemos que plantearnos también cómo cumplirlo mejor. Esto es lo que quiere hacer la virgen María. Cumplir antes, más y mejor la Voluntad de Dios. Se dispone a la carrera. ¿Para qué retrasar las decisiones si ya sé lo que quiere el Señor?

Pero el ángel le retiene. Para lo que va a ocurrir, no tiene que hacer nada. Simplemente dejarse hacer.  <>. Va a ser el Espíritu Santo quien haga todo. El niño que va a nacer no será de San José, sino que concebirás directamente un hijo de Dios, será la fuerza de Dios la que te haga concebir. Esto es lo fundamental del evangelio. ¿Crees que Dios puede hacer concebir el vientre de María a su propio hijo? Quien realmente no crea que Dios se interesa por los hombres, quien no crea que Dios se preocupa por nosotros, no podrá creer esta noticia. Si tú crees que Dios te quiere, que te ha creado para que vivas con Él, no podía ser que te dejara sumergido en tus pecados sin hacer nada por ti y de hecho, creemos que por amor a cada uno de nosotros, Dios decidió hacerse hombre para cargar con nuestros pecados, liberarnos de ellos y darnos la Vida eterna. ¡Qué tú y yo podamos ir al cielo dependía de que Jesús se hiciera hombre, para rescatarnos. Porque para Dios nada hay imposible. Quien lo ha creado todo, ¿no iba a ser capaz de hacerse hombre? Es el poder de Dios al servicio de su amor por nosotros.

<>. Después de anunciarle todo, le da una pista de lo que puede hacer. Si tu pariente ha concebido también milagrosamente, a lo mejor te puede ayudar a ver qué hacer a partir de ahora... 

<> Ya sabe lo que tiene que hacer, sabe cuál es su misión. También entiende las dificultades que va a tener a partir de ahora. Sabe cuál es la pena por tener un hijo fuera del matrimonio, sabe lo que se le viene encima, pero también sabe que Dios no la va a dejar tirada. Se fía de Dios y hace lo que Dios quiere. Acepta todo, ya iremos respondiendo a las necesidades una tras otra. Lo primero ahora es llegar donde está Isabel, para ayudarla y también para hablar con ella y ver cómo afrontar el futuro próximo.

Y una vez que el ángel le ha dicho lo que Dios quiere, la dejó sola. Es ella la que tiene que ver cómo llegar hasta Isabel. Somos nosotros quienes tenemos que ver cómo hacer lo que sabemos que quiere Dios de nosotros. Además, una vez que has visto lo que Dios quiere, puede venirte una tentación: ¿No me estaré engañando?, ¿No será todo una ilusión? Después de ver las cosas, todo parece que vuelva a la realidad, como si lo real fuera lo que pasaba antes de que Dios te saliera al encuentro, pero en el fondo de tu corazón sabes que todo ha cambiado y no tienes derecho a vivir como si nada hubiera ocurrido. Hay veces que podemos tener la tentación de poner en duda lo que Dios nos ha dicho, le exigimos que vuelva a mostrárnoslo y queremos seguridades... Pero Dios cuando ha hablado, ya no se retracta. ¿Te vas a echar tú atrás, vas a dudar de Dios? 



2.- Oración, meditación, contemplación...


3.- Preguntas para dialogar con Dios y con los hermanos.

1.- ¿Te acuerdas de qué significa llena de gracia y el Señor está contigo?
2.- ¿Por qué se turba María?
3.- ¿Te has parado a pensar qué sentirías tú si fueras un ángel y te presentaras ante María para darle este aviso?
4.- ¿Tú crees que Dios te quiere personalmente? Ahora, esta pregunta es más delicada: ¿Crees que a Dios le agrada tu vida? ¿Quieres realmente agradar a Dios o te da bastante igual? ¿Por qué algunas personas quieren agradar a Dios y otros no? ¿Tú a quién quieres agradar? 
5.- ¿Alguna vez te has planteado qué debió suponer para María ser la madre de Dios y que su hijo fuera el salvador?
6.- ¿Qué significa en tu vida, qué repercusiones tiene que tener en tu vida cotidiana que Jesús sea realmente tu Rey?
7.- ¿Tú sabes qué quiere Dios de ti? ¿Estás poniendo los medios para cumplir su voluntad mejor?
8.- ¿Crees que Jesús es el hijo de Dios?
9.- ¿Tienes conciencia de haber hecho alguna vez lo que Dios quería aunque tuviera consecuencias que no dominabas? ¿Alguna vez te has negado a hacer lo que Dios quería?
10.- La virgen María sabía que tenía que hablar con Isabel para aconsejarse. Cuando tú tienes un problema, ¿a quién acudes? ¿Buscas a alguien que te ayude a ver lo que Dios quiere de ti? (Dirección espiritual)