Siento mucho los retrasos, actualizaré el blog de vez en cuando, pero tened paciencia, please:



La vida de un sacerdote en Madrid es algo compleja, hacemos lo que podemos y que Dios ponga el resto. Si quieres contribuir pide a Dios que nos envíe más sacerdotes.

Un fuerte abrazo

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viernes, 4 de enero de 2019

Nacimiento de Jesús: Lc. 2, 1- 7



Nacimiento de Jesús


 Lc2 1 Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2 Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3 Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. 4 También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, 5 para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito* , lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. 

Explicación y preguntas

1.- En un momento muy concreto de la historia humana, de pronto, nace Jesús. No es un cuento, no es un acontecimiento que ocurra cada día, tampoco es que Dios tome un cuerpo, como dicen los paganos que hacía Zeus cuando bajaba a la tierra...
En un momento dado, en nuestro pasado histórico, Dios se hizo hombre. Asume realmente nuestra naturaleza, cuerpo y alma. Dios estuvo con nosotros en unas coordenadas espacio temporales concretas. El Hijo de Dios ya no estaba en todas partes, sino que se concretó y sólo estaba en un lugar muy concreto de la geografía mundial. Y, a partir de ese momento, nunca dejará de ser hombre. cuando lleguemos al cielo, resucitemos después y podamos verle, veremos a Dios hecho hombre para siempre. Se ha unido a nosotros definitivamente y nunca dejará de ser uno de los nuestros.

¿Por qué crees que Dios quiso hacerse hombre (y no vale decir para salvarnos)? ¿Por qué después de resucitar no dejó de ser hombre?

2.- Dios se somete al arbitrio de los hombres, parece como que ya desde el principio, Jesús sea zarandeado por la voluntad de los hombres. No puede ni nacer tranquilamente, sino que sus padres, a punto de dar a luz María, tienen que ponerse de viaje para cumplir la voluntad del emperador romano. Asume todas las vicisitudes de nuestra condición: sufrirá frío, hambre, injusticias... Se enfadará, tendrá miedo, se pondrá triste y estará alegre... Todo lo que nos pasa a nosotros, le pasó a Él, menos el pecado. Tienen que viajar para que conste que son familia del rey David, por eso tienen que ir a la ciudad de David, que era Belén.

¿Cómo puede ser que Dios todopoderoso acepte someterse a la injusticia humana? ¿Por qué crees que se sometió? ¿Por qué crees que Dios no se lo puso fácil a la Sagrada Familia, que tuvieron que buscarse la vida primero en Nazareth, luego en Belén, posteriormente en Egipto y al final otra vez en Nazareth? Si tanto les quería Dios, que era la familia de su propio hijo ¿por qué no les puso las cosas más fáciles?

3.- Resultó que apenas les dió tiempo a llegar a Belén, en seguida María se pone de parto. No tenían sitio en la posada. Nadie les cede una habitación principal. Seguramente sí habrían podido pagar un lugar en la estancia común de la posada, pero San José se niega a que María tenga que dar a luz al niño en medio de todo el mundo. Buscan una habitación privada y no la encuentran. Prefieren un pobre establo, pero sin tener que compartirlo que la calidez de la posada teniendo que hacinarse en medio de muchas otras cosas/gentes. A lo mejor, nosotros no somos los mejores, pero podemos reservárselo todo a Jesús. Él prefiere eso.

Si Dios hoy naciera, en tu vida tendría una habitación privada para Él o ¿tendría que compartir tu vida con otros miles de deseos? ¿Reservas lo mejor de tu vida y de tu tiempo para Dios o se tiene que conformar con los despojos? ¿Te fastidia que luego no tengas una experiencia grande de estar con Jesús? Es que Él es celoso y no se conforma con las migajas. Piensa y verás que sólo cuando le dedicas un tiempo para Él entonces Él viene a estar contigo... Piensa lo que ocurre en las convivencias...

4.- "Lo envolvió en pañales..." Durante lo que duró la niñez de Jesús no sabía hablar, se meaba y se cagaba encima, lloraba, en todo necesitaba a sus padres... Impresionante ver cómo Dios ha querido necesitar a sus padres. Dios para su hijo no elige la riqueza, la abundancia, la prosperidad material, ni que todo le vaya bien, sino más bien al contrario.

¿Te has parado a pensar lo que significa que Dios se haya hecho niño?  ¿Por qué nos fastidia tanto necesitar a los demás? ¿Por qué todo nuestro afán es ser autosuficientes? ¿Si Dios quiso necesitar a sus padres, quizás quiera necesitarte a ti también, para qué crees que Jesús puede necesitarte a ti? ¿qué significa se haya hecho un niño pobre sin  nada propio en este mundo? ¿Qué prefiere Dios? ¿Qué prefieres tú?

5.- "... y lo recostó en un pesebre". Lo acuestan en el lugar donde comen las bestias. El nombre de la ciudad donde nace Jesús, Belén, significa "casa del pan". De alguna forma ya se nos está diciendo que Jesús quiere ser tu alimento. El alimento es aquello que trituras y tragas para nutrirte. Jesús no tiene miedo de que le uses, de que le tritures con tal de alimentarte.

¿Cómo puedes alimentarte de Jesús? ¿En qué te aprovecha (para que sirve) alimentarte de Jesús? ¿Te alimentas realmente de Jesús?

viernes, 27 de marzo de 2015

(Mc. 2, 1-12): Curación de un paralítico (1)




Hoy, no tengo más direcciones espirituales, así que voy a intentar sacar un ratito para meditar con vosotros el evangelio.

Me he dado cuenta de que hay muchos cristianos que no saben orar con el evangelio, de modo que como no puedo sentarme al lado de cada uno, para ver cómo mejorar la oración, por lo menos me voy a sentar al lado de todos para compartir mi oración. El principio básico sería que la oración no es aprender, sino simplemente estar con Jesús y amarle, con eso basta. Lo que leas del evangelio trata no de pensar en ello, sino en decirle lo que piensas a Jesús.

Empezamos:

Cuando reces con el evangelio no lo leas sólo una vez, sino por lo menos tres o cuatro veces, hasta que casi puedas recordar la escena sin necesidad del evangelio y no vayas deprisa, sino paladea cada momento.

Hacemos la señal de la Cruz, nos ponemos en presencia de Dios, reza un Padre Nuestro y no sigas hasta que no tengas la certeza de estar a su lado...

No te angusties por las cosas de la vida. La oración también puede ser presentarle al Señor, aquellas situaciones que te agobian, que y hacen daño, que te inquietan... Ponlo todo en sus manos y pídele que este ratito simplemente quieres estar a su lado, nada más.

Mucha gente se angustia pensando que en la oración tienen que sentir algo especial y les parece que ese es el sentido de la oración. Nada más lejos de la realidad. Si Dios quiere regalarte "gustos" bienvenidos sean, pero eso no es la gracia de Dios, ni es el fin de la oración. Simplemente, venimos a la oración a ESTAR con Jesús, a acompañarle un ratito, a unirnos a Él, aunque no sintamos nada. Hay que usar sobretodo las potencias superiores: inteligencia (hay que vivir con la certeza de estar con Él), memoria (para recordar la vida que hemos vivido junto a Él y todo lo que ha hecho por mí) y voluntad (decidirnos a cumplir su Voluntad aunque tengamos que hacerlo con el corazón un poco seco). La oración estará muy bien con tal de que te presentes ante el Señor con un corazón sincero y sencillo sin querer otra cosa que estar con Él, pidiéndole la gracia de cumplir en todo su Voluntad.

Pues una vez que tenemos el corazón pacificado, tomamos el texto y lo leemos tranquilamente en presencia del Señor, una primera vez todo el texto que queremos meditar de principio a fin:


Del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12
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Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». 


Una vez que lo hemos leído, lo dividimos por escenas:

Escena I.- "Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra."

Jesús había salido para predicar en las aldeas cercanas, había curado a un leproso y a los pocos días regresa a Cafarnaúm, regresa a casa. Se queda tranquilo con los apóstoles. Lo suyo no es una fiebre por curar los males de este mundo, no se trata de solucionar la vida a todo el mundo, sino más bien de predicar el evangelio y hacerlo con poder, demostrando con sus milagros que su Palabra es verdadera. Por eso es importante para Él no sólo curar a la gente, sino sobretodo predicar y formar a sus apóstoles, por eso "pierde el tiempo" a solas con sus discípulos más cercanos. Es invertir el tiempo, prepararles para el futuro.

Jesús está en casa, no tiene prisa. Tiene tiempo para ti. Pues mírale en el sagrario y quédate tú también un rato a su lado. Gracias, Señor, porque tienes tiempo para mí, porque me quieres personalmente. En este momento, todo puede esperar, estoy contigo y esto es lo mejor de la vida.


¿Cuál es el mejor apostolado? Que las personas se encuentren con Jesús. No se trata de usar medios carísimos para que la Palabra resuene en todas partes. En cuanto la gente ve a Jesús en las calles de Cafarnaúm, empieza a difundirse el rumor: "Oye, que Jesús está entre nosotros y no parece que sea para un día, pues he visto cómo la suegra de Pedro compraba comida para todos sus amigos y era una auténtico cargamento". La voz empieza a difundirse por todas partes y los que tienen enfermos en sus casas comienzan a llevárselos hasta que aquello es un río humano de miserias que se encamina hasta la casa de Pedro.


No te preocupes demasiado por los métodos, con naturalidad, con el boca a boca, llegamos a todos. Lo que empieza a ser un murmullo se convierte en un grito atronador por todas partes. La eficacia del apostolado no se mide por el dinero que te has gastado en difundir las cosas, sino que si realmente los hechos dan la razón a las palabras, todo el mundo se enterará.


"Y Él les anunciaba la Palabra..." Imagínate que estás enfermo o que tienes un hijo enfermo y Jesús te ve y se acerca a ti y te habla. ¿Cómo no se te iban a quedar sus palabras grabadas a fuego? Señor, quiero estar pendiente de ti, como un mendigo estaría pendiente del menor gesto de un rico, como un enfermo estaría pendiente de ti si sabe que le puedes curar...


¿Qué les dirías? ¿Cómo consolar al triste? ¿Cómo infundir ánimo al decepcionado? Señor, dame parte en tu corazón, deja que vea a los demás como Tú les ves. Dame el gesto y la palabra oportunos para sanar los corazones desgarrados...


Escena II.- "Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico."

¿Cómo evangelizar? La verdad es que se puede evangelizar desde la radio, la tele, internet, se pueden publicar revistas, colgar anuncios por las calles invitando a una conferencia... Pero el mejor sistema es, como hemos dicho, el boca a boca. Es más, hay un camino mejor: la amistad.

¡Qué enorme necesidad tenemos de los amigos! Un hermano, ayudado por su hermano, es fuerte como una ciudad amurallada. ¿Qué hubiera sido de este pobre paralítico sin sus amigos? Jesús nunca le habría curado, peor, nunca le habría podido perdonar sus pecados.


¿Quieres a tus amigos y nunca les has invitado a venir con Jesús? No me lo creo. El bien es difusivo de suyo. Si sabes que Jesús es lo mejor que te ha pasado en la vida y quieres a tus amigos, no me creo que no les hayas invitado todavía a una reunión, una peregrinación, una convivencia, un retiro, una conferencia, un día de ¡lo que sea!, a conocer a tus hermanos en la fe... O Jesús es una carga o no tienes corazón con tus amigos.


Cuatro hombres cargan con la camilla de un amigo común por las calles de Cafarnaúm, tratan de colarse a la multitud que espera y con iniciativa y picardía deciden que su amigo es más importante o urgente que el resto de los enfermos que esperan su turno. Les da igual la opinión de los demás, los gritos, las murmuraciones, lo que piensen de ellos... Ellos quieren poner a su amigo junto a Cristo y lo van a conseguir como sea. Eso es verdaderamente un amigo. Por eso, los verdaderos amigos a veces son tan pesados con las personas a las que quieren. No se conforman.

Ojalá, Señor, sepa yo querer a mis amigos como Tú, como estos cuatro. Ojalá tenga corazón para tener cada día más amigos. Como la canción hortera de los años ochenta: "Yo quiero tener un millón de amigos..." ¿Te das cuenta de cuánta gente necesita de tu amistad? Es cierto que tú, quizás no necesites más amigos, pero ¿cuántas personas viven solas, sin cariño humano y necesitan que tú les des el consuelo y el amor de Dios?

¡Ten corazón, por el Amor de Dios!


¡Cuántas personas deben su salvación eterna a un amigo a quien no le dió vergüenza insistir una y otra vez hasta que dijiste que sí!


No busques a Jesús en el vacío, en lo etéreo. No busques una comunidad perfecta y sin pecado. Jesús se te da en la Iglesia, una Iglesia formada por hombres pecadores, miserables, pero que aman al Señor y viven con Él, cada día de sus vidas, tratando de responder a la llamada de su Señor. Éste es el camino habitual, el medio ordinario para encontrarte con Jesús. Entonces quien quería encontrar a Dios, sólo podía llegar hasta Él a través del Cuerpo de Jesús, hoy en día quien quiera acercarse a Jesús tiene que hacerlo a través de la carne de su Iglesia. Tan sencillo y humillante con esto. Como Naamán sólo pudo curarse bañándose en un río tan mezquino con el Jordán, tú sólo podrás llegar  a Jesús a través de la mezquindad de tu comunidad cristiana.


Señor, te doy las gracias por todas aquellas personas que me han acercado a Ti, por todos los que has puesto en mi camino, también por los que me han defraudado alguna vez. Perdóname por las veces que les he juzgado duramente, sin darme cuenta de que en medio de su mediocridad Tú me estabas regalando la gracia de mi conversión.


Señor, te pido que nunca ponga como excusa para no acercarme a alguien mi pecado, mi poquedad, mi pequeñez, pues Tú has querido usar medios sencillos y pobres, para que se vea que la obra no es nuestra, sino tuya. Aquí tienes mis manos para trabajar, mis pies para ir donde Tú quieras, mi corazón, para amar cuanto Tú me concedas, mis ojos para mirar como sólo Tú sabes mirar a los demás, mi carne para mostrar tu gloria en mi humillación. Soy tuyo, mi Dios. Aquí me tienes.


Si yo no consigo algo, te pido que me concedas la fortaleza de ánimo de contar con mis hermanos y que ellos puedan contar conmigo.


Señor, que no haya nunca obstáculo que no podamos remover. Dame inteligencia, dame arrojo y picardía para conseguirle el cielo a mis hermanos. Que nunca me de por vencido, que siempre encontremos el modo de superar las dificultades, que siempre me apoye en mis hermanos y me fíe de ellos.


Escena III.- "Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados»." 

Esto es impresionante: ¡Jesús no se fija en la fe del paralítico, sino en la fe de sus amigos! Ésta es la fuerza de la comunión de los santos. Jesús perdona a este hombre mirando a sus amigos. Jesús nunca te va a negar la conversión de las personas por las que tú estés dispuesto a hacerlo todo. Esto es corredimir con Él. Esto es participar de su misma misión y clavarte en su misma cruz. ¡Dios mío, qué grande eres!


Has querido poner tu poder en nuestras manos, tu fuerza en nuestra pequeñez. Podemos salvar el mundo a tu lado. Aquí me tienes, Señor. ¿Qué quieres que haga por tus hijos?


Jesús mírame a los ojos, como le miraste al paralítico y dime lo que le dijiste a él: "Tus pecados te son perdonados". ¡Oh, mi Dios grande, santo e inmortal, que te has hecho hombre para salvarme de mí mismo, para que yo llegue a participar de tu misma vida y naturaleza.


¡Te fijaste en la fe de los amigos para salvar al enfermo! porque ellos habían hecho lo que hacía falta para presentarte a su amigo, para que él pudiera llegar ante Ti.


No le curas, le perdonas... ¡Qué desconcertante! Sabías bien que le ibas a sanar completamente, pero también querías darnos una catequesis estupenda. Quien puede sanar el cuerpo, ¿cómo no va a poder sanar el alma? Sólo si Jesús es Dios, sólo si eres capaz de perdonar también eres capaz de devolver la salud, porque eres el creador del cuerpo y del alma.


Cúranos a todos, mi Dios, mi Jesús, mi Señor, mi Rey, mi Capitán. Cura este mundo enfermo y perdónanos nuestros pecados.


Tú y yo, hermano mío, somos esa medicina que Dios quiere aplicar al mundo. Es tu vida la que va a limpiar los pecados de mucha gente. ¿Estás dispuesto?


Nosotros no podemos curar, ni perdonar, no somos Dios, lo que sí podemos hacer es acercar a cada uno de nuestros amigos a Jesús y Jesús obrará sus milagros... ¡Cuántas veces hemos sido testigos de esto! Un opositor, al que un amigo suyo lleva de la mano a su propia comunidad y en menos de un mes se ha convertido, habla a diario con su Señor y le quiere con locura, está deseando comulgar y hacer lo que Jesús le pida ¡Esos son los milagros que necesitamos!


Jesús que yo sirva como instrumento para que muchos se encuentren contigo.


Va terminando nuestra horita de oración con el evangelio, no da tiempo a contemplar el resto de la escena. Lo dejo para mañana.


Señor, te doy gracias por este ratito que he podido pasar a tu lado, en tu compañía. Que a lo largo del día pueda permanecer contigo, vivir contigo, amar contigo. No me dejes solo.


Te quiero mogollón. Te lo ofrezco todo y de rodillas me despido de Ti.

martes, 29 de enero de 2013

(Mc. 1, 43- 45) Jesús despide al leproso

Comenzamos nuestro ratito de oración poniéndonos en presencia de Dios como solemos y le suplicamos que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros para que podamos amarle más y servirle mejor, todos los días de nuestra vida.
Es espectacular poder disfrutar de estos ratitos junto al Señor. Hay veces que sin más preliminares tomamos su Palabra porque, por lo menos me pasa a mí, ya no tengo nada que contarle y prefiero que sea Él quien me hable. Tengo tanto que preguntarle, hay tanto que conocer de lo que Él quiere y piensa... ¡que para qué voy a perder tiempo contándole lo que ya sabe!...

El otro día dejábamos a Jesús con el leproso recién curado. Y ahora nos encontramos que Jesús le dice...


43. Le despidió al instante prohibiéndole severamente:
44. «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
45. Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.


Le prohíbe severamente que se lo diga a nadie. ¿Por qué esea secretismo de Jesús? Pues muy sencillo. Si todos pregonan los milagros de Jesús van a acudir a Él para que les solucione la vida y ya no va a poder predicar, anunciar el Evangelio y sobretodo mostrarnos la misericordia de Dios. Jesus no quiere obrar portentos, quiere realizar signos de que la salvación está ya entre nosotros. No le interesa tanto curar los cuerpos como los corazones desgarrados.


De hecho, en cuanto esta persona se pone a pregonar por todas partes lo que Jesús ha hecho, ya no podía entrar en ninguna ciudad y tenía que quedarse a las afueras... Por la falta de obediencia de un hombre. ¡Cuándo aprenderemos a obedecer! Este hombre creyó que lo hacía por humildad y metió la pata hasta el fondo. Cuántas veces ocurre que por desobedecer una orden que consideras que es contraproducente destrozas las posibilidades apostólicas en un lugar. Piensa que si alguien ha sido constituído en autoridad es porque sabe más que tú. Acepta con humildad lo que se te diga y no quieras ser más listo que Dios.

Menos mal que se lo prohibió con severidad, si no ¡este hombre curado por Jesús habría revolucionado Palestina entera!

Es curioso, entonces Jesús mandaba que no dijeran nada... y no le hacían caso. Todos iban gritando lo que Jesús había hecho. Hoy es al revés, tenemos su mandato imperativo de "id al mundo entero y anunciad el evangelio"y aquí no se mueve ni Perry. ¡Qué desolación! ¿Cuándo te haremos caso, Señor? Ojalá suscites en nosotros esas ansias de salir al encuentro de todo el mundo anunciando a voz en cuello lo que Jesús ha hecho por nosotros.

Lo que antes era un secreto, hoy ya podemos y debemos anunciarlo a los cuatro vientos. En aquella época, Jesús exigía silencio porque todavía no había llegado la Hora de la Cruz. Se podía malinterpretar sus acciones y podían buscarle como rey terrenal. Hoy, ya tenemos la sabiduría de la Cruz. sabemos que Cristo reina desde la pobreza y la sencillez y ha llegado la hora de que todo el mundo lo proclame como el Hijo de Dios que tenía que venir y convirtiéndose a Él se salven.

Señor, ¿qué pensaste cuando te diste cuenta de lo que había provocado este hombre? Pues seguramente, mucha compasión por todas las personas que se quedaron sin oír tu Palabra. ¿Qué piensas, Señor, cuando yo no obedezco? ¿Cuánta gente no ha podido acercarse a ti por mi culpa? Perdóname, Señor.  Ojalá sea instrumento de tu presencia, en vez del culpable por quien la gente se aleja. ¡Cuántas veces por mi carácter he podido alejar a alguien! Dios mío, perdóname.

Es impresionante que tengamos la capacidad de acercar o alejar personas de Jesús. ¿Cómo es posible que te hayas fiado tanto de nosotros?, ¿cómo es posible que me hayas confiado a mí el depósito de la fe para darlo a conocer a tus hijos?

Dios te necesita para perpetuar su salvación, Cristo te necesita porque sin tu voz Él está mudo. Él ha querido contar con nosotros. La salvación del mundo pasa por nuestras manos. ¡Qúe gran responsabilidad! Dios mío no me sueltes de tu mano, concédeme tu Espíritu para que siempre sea fiel y socórreme en mis miserias. Que mis pecados no conduzcan a nadie a renegar de Ti, sino que viendo mis miserias se den cuenta de que aún  en ellas Tú actúas con gran poder.

Dice el evangelio que el Señor ya no podía entrar en las ciudades y que tenía que quedarse fuera, "en lugares solitarios". Realmente, hoy pasa como ayer. Jesús está fuera, en lugares solitarios y para buscarle tienes que salir de tu egoísmo, de tu soberbia, de tu búsqueda de tus propias necesidades. Es necesario salir de la "ciudad" para encontrarse con Jesús. Parece mentira que Él ha venido para estar con nosotros y que nosotros hayamos expulsado a Dios de nuestro lado porque siempre que le buscamos sea para que nos arregle la vida. Él no quiere eso, no busca ser el "chapuzas" de nuestra vida. Quiere ser el Señor de tu vida. La diferencia fundamental estriba en que algunos buscan a Jesús para que les resuelva su vida. Esto es, ellos saben muy bien qué quieren de la vida y buscan la bendición de Jesús. Los cristianos de verdad se acercan al Señor no para decirle lo que ellos quieren de Él, sino para que Jesús les diga lo que quiere de ellos. ¿Tú en cuál te encuadras? ¿Tiene que irse Jesús de tus ocupaciones diarias, de tu trabajo, de tu familia y esperarte en el desierto para luego satisfacer lo que quieras pedirle? ¿O te encuentra en todo momento atento a escucharle y a cumplir su Voluntad?

Dios mío, te suplico que nunca sea tan estúpido como para hacer mi proyecto al margen de Ti y luego te busque para que me resuelvas la papeleta. ¡Cuántas veces lo hago incluso siendo cura! y me embarco en proyectos, grupos, reuniones... sin consultarte a Ti, incluso buscándome a mí mismo, bucando mi vanagloria, quedar bien... En ese momento te estoy expulsando de mi ministerio sacerdotal y te quedas en lugares solitarios esperando que te necesite.

¡Qué tonto soy! Dios mío dame luces para abandonarme en tus brazos. Sólo quiero vivir contigo, cumplir tu Voluntad. Que mi ministerio sea servirte a Ti en mis hermanos y no servir a mis hermanos por mi propia satisfacción de ver lo bien que hago todo.

Cuando me ordené, me mandaron a una parroquia donde estaba colaborando un sacerdote fantástico, muy mayor, que había sido todo en la diócesis y ahora todo el mundo le había olvidado. Pues bien, cuando este amigo mío, don Secundino Jiménez Rodrigo estaba para morir, me decía en guasa: "Me he pasado la vida queriendo que Dios haga lo que a mí me diera la gana... ¡Y al final lo he conseguido!" Y se reía y tosía... Yo creo que ahora se estará riendo.

Me solía contar que santa Teresa de Lisieux decía al morir que se había pasado la vida intentado que su voluntad se adecuara a la Voluntad de Dios y que por fin lo logró al final y por eso él me decía eso. En el fondo era lo mismo que Santa Teresa, pero él lo convertía en una broma haciendo ver que no era santo, sino todo lo contrario. ¡Cuánto he aprendido yo de este sacerdote!

Pues bien, se trata de esto: ¿Quieres cumplir su Voluntad o que Él cumpla la tuya? Tú verás qué será lo que más te conviene. Jesús se deja expulsar al desierto, se deja expulsar de tu vida y aún se deja encontrar para que puedas pedirle lo que sea, una vez que salgas de tu propio egoísmo... ¡Qué grande es, cómo nos quiere!

Como decía Alexia, una niña de 14 años que murió con una sonrisa y super-feliz, "Jesús que yo haga siempre lo que Tú quieras".

Por otro lado, me inspira muchísimo ese estar el Señor en lugares apartados, como la foto que he elegido para esta entrada. ¿Qué pinta una misión en el desierto?, ¿qué pintan los critianos y los misioneros en lugares donde nadie quiere oir la Palabra de Dios?

Había una vez un fraile que se ponía todos los días en la plaza del pueblo a predicar y jamás nadie le escuchaba. Cierto día, el alcalde le conminó: "¡Oiga, padre! Ya ve que nadie le escucha, ¿por qué siempre está aquí dando la barrila? Váyase a su casa y descanse o haga otra cosa más provechosa".

A lo que contestó el sacerdote: "Mira, hijo mío, yo no he venido por propia voluntad, sino que Dios mismo me ha enviado a vosotros. Si porque no me escuchéis yo incumplo mi vocación y me voy, entonces sois vosotros los que me habríais influido a mí y no al revés. Lo que Dios me ha pedido es que os predique, no que tenga éxito".

Ese día el pueblo comenzó a cambiar.

Piensa si tú te habrías ido. ¿Cuántas veces te han mandado a la porra cuando has intentado buscar lo mejor para tus amigos? ¿Cuántas veces te has dejado influir por el desánimo y has dejado de evangelizar porque nadie te haga caso? ¡Lo nuestro es evangelizar, no triunfar! El éxito sólo es de Dios, lo mío es ser fiel. Hacer lo que Él me pida, éso es lo que a mí me corresponde.

Vamos terminando ya nuestro ratito de oración, le damos gracias a Dios por todo y rezamos un avemaría, que sea nuestra Madre la que nos conceda siempre y en todo "hacer lo que Él os diga", como siempre nos aconseja.

Un abrazo muy fuerte.

martes, 22 de enero de 2013

(Mc. 1, 40-42): Jesús cura a un leproso

Como viene siendo habitual comenzamos nuestro ratito de oración poniéndonos en presencia de Dios. Hazte consciente de que Dios está aquí contigo, que te mira con cariño, que te busca y está deseando decirte muchas cosas al corazón.

Comienza tu oración dándole gracias, pidiéndole perdón y solitando todo aquello que necesitas para ti mismo y para cuantos quieres... Y abandónate en sus brazos. Deja que sea Él quien te hable durante estos minutos que vamos a pasar con Él a solas.

Cuando vayas a comenzar tu ratito de meditación, una vez que el corazón y la inteligencia hayas conseguido apaciguarlos, lee este texto con atención no una, sino cuatro veces. Despacito, sin prisas, este cuarto de hora, media hora o una hora entera no va a pasar más rápido porque leas atropelladamente...

40. Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»
41. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»
42. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.


Leíamos la última vez que meditamos el evangelio en una entrada del blog que Jesús había decidido, después de hacer oración, abandonar Cafarnaúm y dedicarse a evangelizar en otras tierras... Cuando un leproso le interrumpe.

¡Qué paciencia la de Cristo! Cómo salimos buscándole y no le dejamos ni dormir, ni rezar en paz, ni siquiera realizar aquello para lo que ha venido al mundo... Siempre estamos buscando algo de Él, distinto a lo que Él quiere darnos y aún así no se cansa, no nos abandona. Le buscamos porque Él puede darnos aquello que tanto deseamos y nunca le preguntamos qué es lo que Él quiere de nosotros.

¿Tú buscas a Jesús? ¿Por qué le buscas? ¿Le buscas para cumplir su Voluntad para hacer lo que Él te diga o le buscas más bien por ti mismo para que te ayude, te cure, se preocupe por ti, no te deje solo, te de su fuerza...? ¿Qué buscas en Jesús?, ¿qué quieres de Él?

Ponte en situación. Jesús ha salido de la ciudad de Cafarnaúm, está a las afuerzas. Ha estado rezando. Necesitaba hablar con su Padre y ver cuál sería el siguiente paso del programa de la salvación. En Cafarnaúm tenía éxito, la gente le buscaba y era necesario, pero se da cuenta de que no es eso lo que quiere el Padre. El Padre quiere que salga al resto de Israel, aunque no le acepten tiene que darles la posibilidad de aceptar el Evangelio. Lo suyo no es disfrutar del éxito, sino cumplir la Voluntad de Padre y ésta pasa por salvar a todos o por lo menos darles a todos la posibilidad de la salvación.

Sus apóstoles quieren volver a la ciudad donde son respetados y tienen tanto éxito. "Todo el mundo te busca" No les apetece ir donde nadie les conoce y van a pasar de ellos. Jesús les dice que ha llegado la hora de viajar y ponerse en camino. Ellos a regañadientes aceptan... ¡qué remedio! Y cuando están recogiendo las cosas ven que sale a su encuentro un leproso. ¡Qué asco! Claro, eso nos pasa por quedarnos en el descampado. Los leprosos no podían entrar en las ciudades. Seguramente, este leproso ansioso por ver a Jesús debió quedarse rondando por los alrededores haciendo sonar su campanilla, gritando: "¡Impuro!" cada vez que se acercaba alguien, como dictaba la ley para evitar el contagio y la contaminación.

Éstas cosas son las cosas a las que te expones cuando renuncias a la seguridad de tu casita y tu vida pequeño burguesa. Cualquiera puede venir a complicarte la vida. ¿Tú lo tienes todo organizado y te fastidia que venga alguien a sacarte de tus propios planes?

Debió ver a Jesús de lejos cuando se retiró a orar, pero no se decidía. ¿Qué podría hacer el Maestro solo cuando tanta gente le buscaba? Seguramente ese tipo solitario no sería Jesús y si se acercaba se exponía a que le arrojasen piedras. Debió quedarse a un tiro de piedra (nunca mejor dicho) mientras reunía valor para acercarse cuando vió que el grupo de los apóstoles salían buscando al Señor y allí se dió cuenta de que ese hombre solitario era Jesús y en ese mismo momento se hace fuerte la decisión en su corazón. Él que ha curado a tanta gente, seguramente no le va a rechazar con asco y repugnancia. ¡No sería propio del Maestro! De todas formas, ¿qué importa que me maten a pedradas?, ¿acaso es mejor vivir como un perro? Y desde el fondo de su deseperación surge la valentía para acercarse a esos hombres.

Cojeando, dejando jirones de sí mismo por el camino de una vida maldita se acerca al Hijo de Dios y cae de rodillas suplicando. Esta actitud choca con la de muchos cristianos que jamás suplican a Dios, ni siquiera saben arrodillarse para pedir al Espíritu Santo que convierta el pan en el Cuerpo de Cristo. ¿No te dan ganas de arrodillarte ante Dios y suplicarle que cure tus miserias? Por eso hay gente que no verá milagros en toda su vida, porque jamás los han pedido con fe.

"Si quieres, puedes limpiarme". Menuda súplica más original. Yo me hubiera puesto a gritar: "¡Señor, cúrame!" Y sin embargo este leproso todavía tiene dignidad. Debió ser un gran hombre. Pone a Jesús en un brete. Yo sé que Tú tienes poder para curarme. Si no me curas es porque no te da la gana. Yo no te digo que no tengas razones para no hacerlo, pero lo único que sé es que si a Ti te da la gana me puedes curar. No le hace la pelota, no utiliza ningún título, ni Señor, ni rabí (maestro)... Nada. Simplemente le dice lo que lleva en su corazón. Tú tienes el poder de Dios para curar a quien Tú quieras. Si quieres...

Cuántas veces nosotros suplicamos a Dios y le exponemos todas las razones por las que debería curarnos o concedernos un favor. Este hombre no se justifica, no pide amparos, ni quiere que se le compadezca. Simplemente muestra su enfermedad y de rodillas, reconociendo que Jesús es el Poder de Dios, le reta. Si no me curas es porque no quieres porque realmente soy un maldito y ni Dios me Ama. Si no me curas tengo razón para desesperarme porque entonces sabré absolutamente que Dios se ha olvidado de mí.

En el fondo todos los milagros de Jesús son una superabundancia del Amor de Dios. En todos sus signos Cristo se muestra como el que tiene poder para sanar no sólo el cuerpo, sino para salvar nuestra vida hasta la Vida eterna. Jesús es una caricia de Dios con nosotros. ¡Qué maravilla que Dios te quiera! Es espectacular comprobar a cada paso del evangelio que Dios no puede vivir sin nosotros, que nos Ama con locura desatada y que prefiere morir a vivir sin ti.

Tú, Señor, no sabes sumar, no conoces la estadística. Te da igual lo que haga la mayoría, hoy sólo tienes ojos para mí y para tí, lector. Sólo tiene ojos para nosotros y a Jesús le interesa todos y cada uno de los acontecimientos de tu vida. Todos tus sufrimientos, todas tus lágrimas, Jesús las ha recogido en su odre. ¡Gracias, Señor!

Jesús se compadece del leproso, se compadece de ti y de mí. "Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos." (Hb. 4, 15-16)

Dios ha asumido nuestra carne, ha hecho propia nuestra debilidad, es uno de nosotros. Dios, en Jesús se ha hecho débil con los débiles y en su Cruz se ha hecho feo y maldito con los desamparados. "No hay en Él hermosura que atraiga las miradas", dirá Isaías. Se ha hecho leproso con este hombre que está a sus pies. Jesús se compadece, esto es, Jesús padece con este hombre y además lo hace reflexivamente. Jesús se vuelca en el sufrimiento de esta persona. Sólo es capaz de compadecer quien reconoce al otro como algo propio, como un igual, pero además como un igual al que amas como a ti mismo. Esto pueden parecer frases bonitas, pero escucha un poco el significado de las palabras.

Jesús es Dios, es la segunda Persona de la Santísima Trinidad hecho hombre. Jesús es la Imagen del Padre, absolutamente en todos los actos de Jesús podemos ver una correspondencia con el Padre. Jesús, Dios en Jesús, está mirando a este hombre cubierta de lepra no sólo con cariño, sino como a un igual,. ¡Dios ha querido hacerse uno con nosotros! ¡Se ha abajado para hacerse igual a mí! y así poder levantarme hasta su altura. ¡Qué vértigo!...

Jesús a la Cruz se ha llevado toda mi lepra, ha padecido conmigo. Todas mis miserias, pecados y enfermedades han recaído sobre Él. Él sabe cuánto cuesta lo que a mí me cuesta porque Él también ha cargado con ello. Todas mis soledades, todas mis angustias, todo mi dolor es también el suyo. ¡Menudo compañero de viaje se ha hecho!

Al final, uno llega a creer que si Jesús era capaz de curar la lepra era porque la asumió en su Cruz. Todo lo humano lo asumió. Todo lo humano le es propio y en las huellas del crucificado (toda vez que ha Resucitado definitivamente) sigue llevando todos mis dolores.

Oh, Jesús, ¡qué grande es tu amor por cada uno de nosotros!

Pues bien, Jesús extendió su mano y lo tocó.  Jesús extiende el poder del Dios para que llegue hasta nosotros. El dedo de Dios, el Poder de Dios, la Omnipotencia de Dios en Jesús está a mi servicio. Al servicio de mi salvación. ¡Cómo debió sorprender a los discípulos este gesto! Estaba terminantemente prohibido tocar a un leproso y quien lo hacía debía guardar cuarentena por si acaso era contagiado. No podía ofrecer sacrificios hasta que se purificara... Y Dios elige ser un maldito con los malditos. "Maldito quien cuelga de un madero", dicen las Escrituras refiriéndose a los crucificados. Jesús, el único Cordero de Dios, quien va a realizar el único sacrificio que Dios puede aceptar para salvarnos, resulta que no podía sacrificar en el templo de Jerusalén porque había tocado a un leproso. El mismo que aceptó bautizarse en el Jordán, quien ha aceptado revestirse de nuestra carne pecadora, el mismo que ha aceptado mis miserias no tiene miedo de mancharse, no tiene miedo del contagio.

Hace cuánto tiempo a este hombre nadie le miraba devolviéndole la dignidad... Pues mucho menos nadie le habría tocado desde que enfermó. Pues bien, hoy Jesús le acaricia. Hoy Jesús toca su carne corrupta con cariño y le cura. 

Y le dice y con él también me lo dice a mí: "Quiero, queda limpio". ¡Qué gozada es escuchar esto mismo cada vez que te confiesas. Jesús claro que me quiere. Jesús es la prueba de que Dios no se ha olvidado de mí. Jesús quiere que yo viva limpio, que viva una vida en plenitud.
¡Oh, Dios, cuánto nos quieres!...

Piérdete en estas consideraciones... Dale gracias, contempla a Jesús. Observa cómo reiría el leproso que ya está sano. Disfruta de la vida con Cristo. ¡Rompe a cantar y a saltar! Vuelva la vida a tus miembros y vive para siempre con tu Dios.

Te dejo riendo y disfrutando y llorando de alegría y gratitud. Estáte un ratito hablando con Jesús de Él, de ti, de este leproso que te escribe. Cuántale de tus lepras y deja que Él se encargue de ti. Mírale a los ojos y tú también verás que Él quiere también para ti.

Un fortísimo abrazo. Ojalá tú y yo seamos ese bálsamo de ternura que nuestro mundo podrido necesita, que es Cristo. 


viernes, 31 de agosto de 2012

Jesús ora de noche y predica en todas las aldeas (Mc. 1, 35- 39)

Nos ponemos en presencia del Altísimo. Es tu Padre, que te quiere con locura y quiere hacerte mejor, llevarte a desarrollar todas tus potencialidades. Pon tu vida en sus manos, fíate de Él y algún día te admirarás de todo cuanto ha hecho contigo.

Rezamos un Padrenuestro y buscamos tener un rato de charla tranquilamente con Jesús. Le pedimos que nos conceda un mayor conocimiento de Sí para poderle amar más y servir mejor.

35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.36 Simón y sus compañeros fueron en su busca;37 al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»38 El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Seguimos con nuestra lectura continua del Evangelio de San Marcos.

A lo largo de estas meditaciones hemos visto una jornada completa de Jesús. Trabaja hasta el agotamiento y aprovecha las únicas horas que le dejan libres (por la noche) para hablar con su Padre.

No sólo quiere darnos ejemplo de trato con su Padre, sino que Él mismo lo necesita. Algunas creerán que por ser Dios no necesitaba orar, pero se olvidan de que también es hombre, un hombre completo y su divinidad de hecho, está constreñida (humillada) por su naturaleza humana. Jesús necesitó el bautismo de Juan para que el Espíritu Santo lo colmara y cada día necesita estar un rato a solas con su Padre. Si Él lo necesita tanto, imagínate nosotros que no somos Dios, que somos la debilidad y la necesidad... Aunque el dibujito que he elegido en esta entrada es un poco ñoño, me gusta. Eso es orar, no se trata de decir grandilocuencias o buscar frases rotundas y hermosas, se trata de estar un rato con Jesús. Simplemente eso, ni más, ni menos.

Pues vemos, cómo Jesús se levanta de madrugada, cuando todavía está oscuro, matiza el Evangelio. Se ve que los apóstoles se quedaron impresionados con esa búsqueda de su Padre por parte de Jesús. Tanto es así, que le piden, en otra ocasión, que les enseñe a rezar porque se dan cuenta de que nadie reza como Jesús. Notad que un judío piadoso siempre usaba fórmulas complicadas para dirigirse a Dios, sin llamarle nunca por el Nombre. La oración no brotaba del corazón, era una liturgia para acercarse al tres veces santo. Los Apóstoles ven a Jesús llamar a Dios "papá", le ven tratarle con inmensa confianza y cariño y sienten envidia de un Dios así, tanto que buscan que Jesús les haga participar de su propio modo de orar. No se trata de decir oraciones estereotipadas, sino de hablar de corazón a corazón con quien sabemos nos ama.

Jesús trata de orar, de tratar los asuntos con su Padre, cada día, pero a veces parece que lo necesita más. Hoy se ve que Jesús no está cómodo quedándose en el ambiente donde le quieren. Cafarnaúm, desde entonces será su ciudad, pero se da cuenta de que hay algo que está faltando y lo comenta con su Padre. Al final, toma una decisión: Ya es hora de salir al resto de Israel, ya es hora de predicar el Reino a todos, no sólo a éstos galileos más brutos que un arado y noblotes como ellos solos.

Jesús habla con su Padre, le cuenta las cosas, cómo se han desarrollado los acontecimientos, las dificultades, las alegrías, los frutos de la predicación, cómo todos sanan con el poder de Dios y se alegra por ello con el Padre. Dios mío, cuánto hacía falta eso en este mundo. ¿Te dan cuenta de que durante siglos hemos estado esperando? y por fin, aquí estamos salvando a tus hijos. Gracias Padre por dejarme encarnarme, por dejar que venga a este mundo que tan necesitado está de nosotros, aunuqe todavía no se da cuenta...

Y no sólo habla Jesús, también deja que el Padre le comunique los tesoros de su corazón en la intimidad del silencio. A veces se queda callado, esperando y nota cómo una idea va surgiendo en su corazón. "Hijo mío, no basta que llegues a Galilea, tienes que subir a Jerusalén. Tienes que enfrentarte a tu Hora. Todos tienen que escuchar tu voz. Has comenzado tu misión, pero no acaba aquí. Quiero llevarte por todo Israel y también saldrás a las ciudades paganas de alrededor para que todos sepan que el Mesías ha llegado a su Pueblo". Poco a poco, en las entrañas de Jesús se desata la necesidad de ir a todos.

¿Cuántas veces mientras orabas el Señor ha puesto una idea en tu corazón? No la dejes morir entre otras miles de ideas que quizás no vengan de Dios. Ponte en pie, álzate y cumple aquello que sabes que Dios te está pidiendo.

Hago un parón porque una familia me pide que les confiese. Rezad por ellos y por lo que no sienten la necesidad de confesar. ¡Qué grande es ser sacerdote para poder traer la misma salvación que trajo Jesús a los hombres de hoy!

Seguimos con nuestro ratito de oración...

Cuando ya todos se ponen en marcha, Pedro y los demás buscan a Jesús. No se inquietan, porque saben que como siempre estará rezando, pero no les gusta hacer esperar a sus conciudadanos. Ellos, aquí, son importantes, son los discípulos del Maestro y se encuentran en su salsa: "Todos te buscan, Señor" Somos famosos... Y la respuesta de Jesús es como si les echara un jarro de agua por encima: Nos vamos, que también en el resto de aldeas tenemos que predicar". Pero, Señor, si en el resto de Israel no te van a acoger como aquí, para qué ir para allá. Que les zurzan. Nosotros nos quedamos aquí, que es donde acogen tu Palabra y que los demás se vayan al infierno... Cuántas veces hemos tentado a Dios con esas palabras. Cuántas veces nos las hemos creído. Y, sin embargo, Jesús continúa su camino. Si quieres ir con Él tendrás que darte prisa porque Jesús ya ha continuado la marcha.

Van a lugares donde los apóstoles no son nadie. Los misioneros van a lugares donde no son nadie. Son los últimos, los parias... Como los sacerdotes diocesanos que nisiquiera tenemos el prestigio de una gran congregación que nos avale. Somos los despreciados por todos que a todos enriquecemos. ¡Éste es mi tesoro!

Jesús tiene prisa por salvar a los hombres... ¿y tú?

A lo mejor, algún joven lee esta entrada. Párate a pensar. Quizás quieras ser un gran abogado y brillar en los tribunales, pues piensa que sólo los alumnos matriculados en Derecho en la Complutense de Madrid son el triple de todos los abogados colegiados en Alemania. Quizás quieras ser un magnífico ingeniero, arquitecto... Hoy sobran alumnmos de todas estas profesiones. ¿Cuál es la única en la que realmente puedes hacer falta? Sin duda, al servicio de Dios en el sacerdocio. Piensa cuántos sacerdotes necesitamos, cuántos misioneros para llevar la Palabra de Dios allende los mares...

Quizás pienses que antes tiene que llamarte el Señor y tienes que notar una llamada super especial en el fondo de tu corazón. Te daré el caso de San Ignacio: ponte ahora de rodillas, mira a tu Madre la Virgen María y dile a viva voz: "Madre, me ofrezco como voluntario para todo aquello para lo que quiera usarme tu Hijo, mientras Él me de la gracia que necesito". Te aseguro que cuando te levantes del suelo ya habrás sido llamado por el Rey de reyes, nuestro Señor Jesucristo.

Rezamos un Avemaría y terminamos nuestra oración hablando tranquilamente durante el tiempo que creas oportuno con nuestro Señor, con el Padre, con el Espíritu Santo y con tu Madre Santa María. Y ¿por qué no? También con el arcángel San Rafael que él custodie tus caminos y te acompañe durante estos años de maduración en la vida.

jueves, 30 de agosto de 2012

Jesús cura a la suegra de Pedro y a muchos otros (Mc. 1, 29-34)

Comenzamos nuestro rato de oración, poniéndonos en presencia de Dios. Aunque se puede rezar en cualquier lugar, de hecho cuando hago estas entradas, estoy en el despacho de la parroquia que es donde tengo internet, el mejor lugar para orar es en presencia de Jesús en el Sacramento. Si tienes oportunidad de rezar ante un sagrario con la lamparita encendida (que indica que allí está el Señor) no lo desaproveches. ¡Es el mejor lugar del mundo para hablar con Dios!

Observa cómo Jesús está sentado cerca de ti, cómo te sonríe, cómo le preocupan tus cosas... Comienza poniendo en sus manos todos tus asuntos y preocupaciones. No hay nada tuyo que le resulte indiferente. Cuéntale también tus alegrías, háblale de toda la gente que quieres encomendarle. Escucha y atiende, a ver si Él tiene algo que decirte sobre ellos, sobre algo que quiera que les digas o hagas... Y cuando se te acabe el rollo cógete el evangelio.

29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

Lee el texto con pausa y atención. 

Imagínate que es una película, dónde está Jesús, quién va con Él... Oblígate a leer el texto varias veces, quizás haya algo que hoy te llame la atención especialmente. Eso suele ser una llamada de Dios que quiere hablar contigo de un tema particular. A mí me pasó ayer algo parecido, llegaba a casa por la noche, iba a ver una película y antes leí un poco de un libro que tengo de Segundo Llorente, un jesuíta misionero en Alaska y algo me cautivó. Hablaba de la necesidad de reservar los pensamientos para Dios, que no nos disipemos que es tan grande nuestra capacidad de pensar que por qué vamos a pensar en otras cosas que no sea Dios y no ví como una clara invitación para no ver la película y ponerme a leer la Biblia. Al final, hicimos un "fifty- fifty".

Contemplamos a Jesús y meditamos en nuestra vida...

Acaba de predicar en la sinagoga y ha liberado a un poseído por un espíritu impuro. Ha comenzado ha acutar la Salvación en el mundo y para Jesús es algo tan sencillo que no se queda extasiado durante horas, sino que hace lo que tiene que hacer. ¡Bendita naturalidad! Se va a casa de sus amigos a comer.

Seguramente, por el camino, Pedro se excusaría con la pobre comida que iba a poder ofrecerle porque su suegra está enferma y él hace lo que puede. Jesús se interesaría por ella, ya sabe que su mujer murió y Pedro le contaría que no quiso echar a su suegra de casa, pobrecilla, con lo mucho que les ha ayudado toda la vida...

  Pedro habló a Jesús de su suegra. A veces hablamos a nuestros amigos de Jesús, muy bien, ¿pero no te parece más necesario hablar a Jesús de tus amigos? ¿Cuántas veces has hablado con Jesús de las personas que te importan o de los que te han hecho daño o de los que tienes alguna responsabilidad parea con ellos?

Decía San Juan de la Cruz que más que hablar a los hombres de Dios había que hablar con Dios de los hombres. A ver si tiene algo que decirnos sobre ellos y también se los presentamos. ¡A lo mejor va y les cura!

Y cuando llegan a casa, se la presentan. Ella está ardiendo de fiebre. Una fiebre que la incapacita para servir. Está tirada en la cama, como un cacharro inútil, sin fuerzas, sin voluntad, sin esperanza y de pronto... Jesús entra en su casa y en su vida... ¡Y todo cambia!

 ¿Cuántas veces has tenido tú una fiebre que te incapacita? Hay muchas personas que tienen una calentura en su carácter, una falta de libertad brutal que hace que sean incapaces de salir de sí mismas y jamás se han planteado la posibilidad de servir. A veces, es necesario que alguien te tome de la mano y tire para ti hacia arriba y te saque de la postración. ¿De verdad estás dispuesto a tirar de muchos hacia arriba y plantearles la posibilidad de servir a los demás con su vida? ¡Cuánta gente hay que tiene una vida estéril y absurda, cuando Dios les ha concedido muchos dones para que sirvan  a los que tienen cerca... o lejos.

Jesús se acerca a cada persona. Cristo viene a nuestras vidas en las circunstancias más insospechadas. Un amigo que te invita a una peregrinación, un padre que da un consejo a un hijo, alguien que se te acerca pidiéndote algo... Es Cristo que pasa a tu lado. ¿Vas a dejar escaparse la oportunidad? A lo mejor es la única o la última...

Jesús nos toma de la mano, ¡cómo le gusta a Jesús el contacto físico, el trato directo! Jesús no cura en la distancia mas que un par de veces. Las curaciones de Jesús suelen ir acompañadas de una caricia, una imposición de manos, un roce, una mirada, una sonrisa. ¡Jesús necesita tocar! Quiere darte un abrazo, tomarte de la mano y llevarte con Él.

Jesús nos levanta, como a la suegra de Pedro nos devuelve la dignidad, nos alza de la basura a los pobres para hacer que ocupemos un trono de gloria, como dice el Antigua Testamento. Todo lo que hace Jesús es parea levantarte. Muchas veces nosotros miramos con ojos que hunden a los demás. Incluso cuando hacemos examen de conciencia nos miramos a nosotros mismos con complejos de culpa... Una cosa es el dolor de los pecados y otra muy distinta el complejo de culpa. Lo uno nace del amor, lo otro de la mirada de Satanás que quiere arrebatarte la paz y que te pases la vida encerrado en los pecados que un día cometiste. Cristo libera, Cristo levanta, Cristo saca de la postración. No hay pozos de amargura en el corazón de Cristo. Cuando Cristo te mira sonríe y te devuelve la esperanza de la salvación.

La suegra de Pedro en cuanto se retira la fiebre se pone a servirles. No busca disfrutar de su salud, ahora que la ha recuperado. En nuestro mundo actual, cuando alguien encuentra algo busca disfrutarlo. Cuántos matrimonios recién casados retrasan la llegada de los hijos porque quieren disfrutar de su matrimonio. Cuántos jóvenes retrasan el matrimonio porque quieren disfrutar sin compromisos... ¿Para qué sirve la vida? ¿No te das cuenta de cuánta gente te necesita? DEja de encerrarte en tu mundo ideal y de buscar tu propia felicidad. ¿No te das cuenta de que hay mucha gente que necesita lo que tú tienes? ¡Qué poco es una vida para amar! No pierdas el tiempo. Mira cómo Jesús mira a tantas personas que no saben vivir, qué prisa tiene por salvarles y tú y yo aquí... preocupados por cuatrro chorradas. ¡Cuánto adelantaríamos si nos olvidáramos de nosotros mismos y buscáramos hacer felices a los que nos rodean!

Mientras, en la calle todo el pueblo de Cafarnaúm se ha enterado de la sanación del endemoniado y de la predicación con autoridad de Jesús y salen todos a presentarle a sus enfermos. Mira cómo todos los que han visto la curación del endemoniado en la sinagoga se van corriendo a decir lo que han visto y oído a todos los que conocen. Tanto es así que el pueblo entero sabe lo ocurrido en muy poco tiempo. Piensa si tú eres capaz de comunicar a alguien lo que has visto y oído. ¿Cuándo fue la última vez que diste testimonio de Cristo? Quizás es que tampoco has visto nada en tu vida o que ya te has acostumbrado, o quizás tengas miego de lo que vayan a decir los que te rodean. Yo, sinceramente, prefiero fijarme en lo que va a decir Dios que es el único que me puede llevar al cielo. ¿Qué me importa lo que diga todo el mundo si al final consigo llegar al Cielo? Y viceversa, ¿qué me importa lo mucho que me considere el mundo si al final me condeno? 

Al final del día, a la caída del sol, la puerta de la casa de Pedro está atestada por todos los enfermos y endemoniados que le han traído a Jesús. Vinieron todos, está la ciudad agolpada a la puerta y, sin embargo, Jesús no les curó a todos. Dice el evangelio, "la ciudad entera estaba agolpada a la puerta" y sin embargo el evangelio también dice que Jesús curó a muchos de sus enfermedades y expulsó muchos demonios, pero no dice que curara a todos. ¿Por qué Jesús cura a unos y a otros no? ¿Por qué Jesús hoy hace un milagro y cura a mi padrino de su riñón y a mi amiga la deja morir de cáncer con niños pequeños?

Al final, sólo me quedan dos certezas indestructibles:

1.- Jesús es Omnipotente. Esto es, puede realizar cualquier obra, cualquier milagro, puede resolver cualquier  situación cuando le de la gana. Si no lo hace no es porque no pueda, sino porque no quiere. Descubrir las razones por las que Dios puede no querer facilitarnos la vida es muy difícil porque no estamos en su mente, no vemos lo que Él ve y no sabemos lo que Él conoce.

2.- Jesús me quiere más que a sí mismo. No hay nadie que me pueda querer más que Él. Así, se atempera la dureza que pudiéramos notar en sus decisiones. ¿Por qué no me cura? ¿Por qué no resuelve en un momento esta situación que me está haciendo sufrir? ¿Por qué no termina con las guerras de una vez?

Lo que sé es que Él sabe más y puede más. A lo mejor, no compensa. Quizás esta situación me fortalezca y me ayude a salvarme más fácilmente que si Dios me resolviera la vida. Quizás no quiera mantenerme constantemente en un estado infantiloide y quiera fortalecerme y madurarme.

Yo no sé porqué hace Dios lo que hace y permite lo que permite. Lo que sí sé es que si Dios actúa así, seguro que es lo mejor para mí, aunque no lo vea.

Por fin, dice el Evangelio que no permitía a los demonios hablar, pues le conocían. ¿Cómo iba a dejar que los mentirosos hablaran sobre la Verdad? Cuando el Demonio hablña siempre es para torcer las cosas y engañar a todo el mundo. No, Jesús no podía permitirlo. ¡Que se estén mejor callados! Ante la tentación, jamás hables con el Demonio, habla directamente con tu Padre.

Terminamos nuestro rato de oración con un Avemaría, damos las gracias a Dios por este ratito tan estupendo y le prometemos volver.

Un abrazo