Siento mucho los retrasos, actualizaré el blog de vez en cuando, pero tened paciencia, please:



La vida de un sacerdote en Madrid es algo compleja, hacemos lo que podemos y que Dios ponga el resto. Si quieres contribuir pide a Dios que nos envíe más sacerdotes.

Un fuerte abrazo

martes, 12 de noviembre de 2013

La Cruz de San Damián, que siempre me llamó la atención

La cruz de San Damián

El crucifijo que habló a san Francisco de Asís

   
   

Oración ante el crucifijo

Alto y glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi
corazón
y dame fe recta,
esperanza cierta
y caridad perfecta,
sensatez y conocimiento,
Señor,
para hacer tu santo y veraz
mandamiento.

(San Francisco de Asís)

 

Fr. Tomás Gálvez

Una experiencia que marcó a Francisco para toda su vida

Un día de otoño de 1205, mientras oraba, el Señor le prometió a Francisco que pronto daría respuesta a sus preguntas. A los pocos días, paseando por los alrededores de Asís, pasó junto a la antigua iglesia de San Damián y, conmovido por su estado de inminente ruína, entró a rezar, arrodillándose con reverencia y respeto ante la imagen de Cristo crucificado que presidía sobre el altar. Y, estando allí, le invadió, más que otras veces, un gran consuelo espiritual. Con los ojos arrasados en lágrimas, pudo ver como el Señor le hablaba desde la cruz y le decía: "Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala". 

Tembloroso y sorprendido, él contestó: "De muy buena gana lo haré, Señor". Luego se ensimismó y quedó como arrebatado, en medio de la iglesia vacía. Fue tal el gozo y tanta la claridad que recibió con aquellas palabras, que le pareció que era el mismo Cristo crucificado quien le había hablado.

Todos los biógrafos coinciden en calificar de éxtasis o visión la experiencia de San Damián. Santa Clara escribe que fue una "visita del Señor", que lo llenó de consuelo y le dió el impulso decisivo para abandonar definitivamente el mundo. A esta visión parece referirse San Buenaventura, cuando refiere que el santo, tras el encuentro con el leproso, estando en oración en un lugar solitario, tras muchos gemidos e insistentes e inefables súplicas, mereció ser escuchado y se le manifestó el Señor en la cruz. Y se conmovió tanto al verlo, y de tal modo le quedó grabada en el corazón la pasión de Cristo, que, desde entonces, a duras penas podía contener las lágrimas y los gemidos al recordarla, según confió él mismo, antes de morir. Y entendió que eran para él aquellas palabras del Evangelio: "Si quieres venir en pos de mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme" (Mt 16, 24).

Tomás de Celano y los Tres Compañeros sitúan esta experiencia en San Damián. Según ellos, cuando el Señor le habló desde el crucifijo, Francisco experimentó un cambio interior que ni él mismo acertaba a describir. El corazón se le quedó tan llagado y derretido de amor por el recuerdo de la pasión, que desde entonces llevó grabadas en su interior las llagas de Cristo, mucho antes de que se le manifestaran en la carne. Por eso, añade San Buenaventura, "ponía sumo cuidado en mortificar la carne, para que la cruz de Cristo que llevaba impresa dentro de su corazón rodease también su cuerpo por fuera. Todo eso lo practicaba ya cuando aún no se había apartado del mundo, ni en el vestir ni en la manera de vivir". Se refiere a un cilicio, a un tejido muy basto, hecho de gruesos nudos, que empezó a llevar ceñido a la cintura, debajo de la ropa. Desde entonces será tal su austeridad, y tantas las mortificaciones a lo largo de su vida, que, sano o enfermo, apenas condescendió en darse gusto, hasta el extremo de reconocer, poco antes de morir, que había tratado con poco miramiento al "hermano cuerpo".


Descripción del crucifijo de San Damián

El crucifijo que habló a Francisco es hoy uno de los más conocidos y reproducidos del mundo. Se trata de un icono románico-bizantino del s. XII, de autor umbro desconocido y clara influencia sirio-oriental. Es de madera de nogal recubierta con una basta tela, sobre la que pintaron con colores vivos las figuras de Cristo y otros personajes de la Pasión. Sin el pedestal, mide 2’10 metros de alto por 1’30 de ancho. 

En 1257, cuando las clarisas abandonaron San Damián, se lo llevaron consigo al nuevo monasterio de Santa Clara construido para ellas en Asís , donde lo conservaron durante siglos en la sacristía. En 1958, 20 años después de ser restaurado por Rosario Aliano, fue expuesto al público en la capilla de San Jorge. Después del terremoto de septiembre de 1997 el icono ha sido sometido a una nueva restauración, y allí sigue expuesto a la devoción de todos, libre ya del vidrio y del marco que antes lo contenía.

He aquí algunas claves para comprender el significado de este icono bizantino del siglo XII:
El Cristo de San Damián está vivo y sin corona de espinas, pues es el Cristo resucitado y glorioso que ha vencido a la muerte. 

El paño de lino orlado de oro recuerda las vestiduras de los sacerdotes del Antiguo Testamento (Ex 28, 42). 

Su postura expresa un gesto de acogida y parece abrazar a todo el universo. 

Sus ojos no miran al espectador, sino que se dirigen al Padre, invitándonos también a nosotros a hacer lo mismo mediante la conversión.

Los 33 personajes que lo rodean representan la comunión de los santos de todos los tiempos.

Jesús, con los pies sobre fondo negro, parece que asciende del abismo.

La sangre de Cristo chorrea sobre los personajes que lo rodean, para indicar que han sido lavados y salvados por su Pasión.

La sangre de los pies cae sobre seis personajes apenas reconocibles, que podrían ser: San Juan Bautista, San Miguel, San Pablo y San Pedro, San Damián y San Rufino, patrón de Asís.

En cada extremo de los brazos transversales de la cruz hay tres ángeles que muestran a Cristo: son los mensajeros de la Buena Noticia.

Los personajes bajo los brazos de Jesús están todos en la luz, son hijos de la luz.
Tienen todos la misma estatura, pues son "hombres perfectos", que han alcanzado "plenamente la talla de Cristo" (Ef 4, 13).

Si se mira bien, sus rostros son como el de Cristo, pues en ellos ha sido restaurada la "imagen y semejanza de Dios" original.

Juan y María están en el puesto de honor, a la derecha de Cristo. El discípulo muestra y recoge la sangre del costado de Cristo. María manifiesta dolor, pero también serenidad y admiración por la resurrección y por el nuevo hijo que su Hijo le acaba de encomendar.

El manto blanco de la Virgen simboliza pureza, y las piedras preciosas que lo adornan son los dones del Espíritu Santo. El vestido rojo oscuro representa el amor. La túnica morada bajo el vestido recuerda que María es la nueva Arca de la Alianza (la del Antiguo Testamento estaba cubierta con un paño de ese color).

A la izquierda de Jesús están Maria Magdalena y María de Santiago, que parecen preguntarse: ¿Quién nos abrirá el sepulcro?. Junto a ellas, el Centurión confiesa la humanidad y divinidad de Cristo: "Verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios".

Detrás del Centurión asoma el rostro de quien encargó el crucifijo y otras tres personas que evocan al Pueblo de Dios.

Bajo los personajes mayores, hay dos pequeños, uno a cada lado, que representan a los romanos y judíos que crucificaron a Jesús: el romano es un soldado con la lanza y la esponja.

A la izquierda de las piernas de Cristo se ve el gallo de Pedro, que recuerda nuestra debilidad e invita a la vigilancia. Pero también simboliza al sol naciente, Cristo, cuya luz se difunde por toda la tierra.

Sobre la tablilla con la inscripción "Rex iudeorum", en un círculo rojo, vemos a Cristo que sube al cielo, vestido de blanco, con estola dorada y una cruz luminosa en la mano, señal de victoria. El círculo expresa perfección y representa la plenitud de la gloria, donde lo reciben diez ángeles festivos.

La mano del Padre, en lo más alto del crucifijo, se encuentra en un semicírculo. La otra mitad no se puede ver, pues Dios Padre no tiene rostro, es un misterio.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Retomamos el blog... con nuevas fuerzas, si cabe.

Vamos a cambiar ciertos modos de estar en la parroquia y en la vida. Una cosa que me encanta es escribir y comunicarme con todos. Viendo además lo que ha crecido el número de visitas al blog desde que ni siquiera lo abro, considero oportuno volver a retomarlo. He abandonado todos los apostolados que tenía fuera de la parroquia y parece que ahora las mañanas de los miércoles las puedo tener un poquito más libres, así que retomamos nuestro apostolado cibernético para, obedeciendo al Santo Padre, hacer lío en este nuevo "continente" -como decía Benedicto XVI en la carta de convocatoria de la JMJ de Río de Janeiro- de la red.

Y me parecía adecuado comenzar hablando y defendiendo al Papa de muchos católicos, pelín despistados, que les gustaría que el Papa sólo les hablara a ellos y que cada vez que hablara se le atragantaran las palabras con cientos -o mejor miles- de citas a pie de página para matizar cualquier afirmación que hiciera.

Puesto que abandoné el blog la víspera de su elección, quería que mi primera entrada fuese un agradecimiento a Dios por elegirle y a él porque en medio de sus pecados es fiel para hacer con valentía lo que cree oportuno.

Dios nos ha suscitado un Papa que todo el mundo entiende lo que dice, que afecta a todo el mundo, que suscita conversiones simplemente por su sencillez, que habla con descaro, sin tapujos, con valentía y sin matizar y que tiene gestos que a muchos les crispan y consieran que son símbolos estúpidos que no sirven para nada porque no tienen en sí mismos la fuerza para cambiar el mundo y hacer que desaparezca la pobreza, pero que son absolutamente necesarios para llegar al corazón de muchas personas que sienten cómo el evangelio se quedaba esclerotizado por un sin fin de matices. Un Papa libre de politiqueos, directo, claro y sencillo que comienza viviendo la pobreza él mismo sin tener que estar predicando siempre sobre lo mismo, que hace homilías minifalderas -enseñan mucho y son muy cortas-... Ya me gustaría a mí que todos los curas fuésemos como él, como me hubiera gustado ser como Benedicto XVI, como Juan Pablo II -que le celebrábamos ayer-, como Juan Pablo I y como Pablo VI, que son los Papas que he tenido en mi vida. Pero hoy por hoy, le toca el turno a S.S. Francisco...

¡Viva el Papa!

 ¡Menudo pedazo de Santo Padre nos ha regalado el Espíritu Santo!

Tengo la firme convicción de que cada Papa que ha tenido la Iglesia ha sido un regalo espectacular de Dios al mundo y especialmente a su Iglesia.

Cierto es que ha habido Papas que muchos consideran indignos... Puede ser, pero es que Dios contaba con su fidelidad. El mismo Jesucristo eligió a Judas, inclyuso sabiendo que le iba a traicionar, pero no le eligió "para" que le traicionase, Judas era realmente libre. Si hubiera sido fiel, quién sabe qué grandes cosas habría podido hacer el Espíritu Santo con él. Del mismo modo, hemos tenido Papas que han pecado y no han hecho todo el bien que puideran haber realizado en sus vidas.

Lo que sí que es cierto es que en los últimos tiempos Dios se lo está currando de un modo admirable: Pio X, Benedicto XV, Pio XI, Pio XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco...

Muchos han tenido la osadía de comparar unos con otros haciendo de menos al actual o a los anteriores. Incluso un cura del que yo me fiaba, Santiago Martín, se ha dignado juzgar al nuevo Papa en un retiro que ha predicado. ¿Que este Papa no es tan teológico como el anterior? ¿Por qué había de serlo?

Gracias a Dios, tenemos un Papa que se siente libre de clichés. Es cierto que podría afinar más sus expresiones... pero entonces perderían frescura. Mire usted, que una exhortación apostólica no es lo mismo que una homilía y que una encíclica no es lo mismo que una entrevista.

A este Papa hay que leerle con visión de conjunto. Que no diga en cada intervención que los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar, no significa que no lo de por hecho. No discute el magisterio anterior de la Iglesia. Lo único que afirma es que no nos podemos quedar en eso, que hay que hablar de Jesucristo y no de cuatro puntitos que ni siquiera son los fundamentales. En el magisterio de la Iglesia no todas las verdades tienen la misma importancia. Todas son importantes, pero unas lo son más que otras... Por eso, deberíamos predicar primero lo fundamental porque si no se aceptan ciertas verdades, nunca se va a llegar a otras.

Cuando le leáis, si veis que no matiza algo, no creáis ni por asomo que no conoce el dogma o la ley moral... Ni siquiera lo discute. Simplemente trata de hacernos descubrir que detrás de la ley moral hay una persona que sufre y a la que hay que amar. Es cierto que un acto homosexual es pecado objetivamente, pero dice el catecismo de la Iglesia Católica, que hay determinadas circunstancias subjetivas que pueden disminuir o incluso anular la responsabilidad moral. Yo no puedo juzgar a un hermano, sólo puedo acompañarle, orientarle, ayudarle, hacerme cargo de su situación y mostrarle el amor incondicional de Dios porque es hijo suyo. ¿Esto es tan escandaloso? ¿O es que nos hemos vuelto unos fariseos hipócritas que estamos a la que salta y lo único que nos importa es que no nos toquen las "seguridades" en las que hemos cimentado nuestra vida al margen del amor de Dios?

Tenemos un Santo Padre con tanta capacidad intelectual que es capaz de hablar al corazónd e cada persona y que cada uno le entienda sabiendo que no dice más de lo que tú puedes comprender. Para eso hace falta ser un pedagogo de excepción y para lograrlo hace falta dominar la materia que estás tratando de explicar. ¡Menudo pedazo de Papa que tenemos!

Nos obliga a desintalarnos. A salir de nosotros mismos, a ir a la periferia, a exponernos ante los que no creen, a perder toda seguridad que no esté radicada en el amor de Dios... Usando uina expresión suya: ¡A hacer lío!.

Gracias Señor por el Papa Francisco, ilumínale, protégele, consolídale, dale la parresía de tu Espíritu para que pueda seguir guiándonos por la senda de la Verdad completa, que es tu Hijo Jesucristo... Y danos a los hijos de la Iglesia confianza en nuestros pastores, humildad para aprender a no juzgar lo que nos supera y docilidad para obedecer a quien Tú has puesto al frente de tu Casa.
Amén.




jueves, 6 de junio de 2013

Grupo de matrimonios

En esta parroquia ya tenemos tres grupos de matrimonios: Uno que lo lleva el COF, son matrimonios que hablan de sus problemas y todas las charlas están orientadas a mejorar la relación. Otro grupo es un grupo de matrimonios jovencitos que empezaron siendo novios y se juntan y van invitando a parejas amigas... Éste lo lleva directamente don José Ignacio.
El tercer grupo comenzó hace ya unos pocos meses con seis matrimonios que se conocían entre sí. Os cuento la historia...

Yo ya me había prometido a mí mismo y a Don Manuel que no iba a organizar nada más. El primer curso organizamos todas las actividades para niños y jóvenes que pueden organizarse en esta parroquia. Pues bien, un matrimonio de la parroquia me invitó a sus Bodas de Plata. Les pedí que no me pusieran entre paganos, que organizaran una mesa en la que no tuviera que trabajar... Y me pusieron con amigos suyos, muchos de ellos "cursillistas" (que han hecho un Cursillo de Cristiandad e iban por una ultreya).

A lo largo de la cena, acabamos montando un grupo matrimonial para ellos. y así comenzamos la andadurda de este grupito. Algún matrimonio más de la parroquia se unió y cuando hicimos los ejercicios espirituales de la parroquia se terminaron de unir unos cuantos más y otros que eran de mi antiguo grupo de los ENS (Equipos de Nuestra Señora) que se fue a pique y han ido viniendo personalmente en cuanto se entereraron de que este grupo había comenzado.

En definitiva, son como 14 matrimonios, posiblemente subamos a 16 este mes... Y cuando hablé de dividirlos para que pudieran hablar más cómodos y cupiéramos en algún lugar se me echaron al cuello... ¡Ni hablar! Después de fiarnos de ti e ir a un grupo en el que no conocemos a nadie... Una vez que nos hemos hecho amigos no nos puedes separar...

¿Cómo son las reuniones del grupo? Muy sencillas. Al principio, seguíamos el método de Acción católica. Yo preparaba una presentación del tema, buscábamos un hecho de vida, lo trabajábamos y en la siguiente reunión venían con unos textos leídos para comentar lo que hiciera falta y hacer algún propósito concreto. Pero como hablo con varios de ellos personalmente, me fui dando cuenta de que quizás necesitaran más otra cosa. De modo que cambié el sistema y ahora nos dedicamos a rezar.

Quedamos un sábado al mes a las 20:30, depués de la Misa de la tarde. Durante una hora, les explico cosas sobre la oración y meditamos un texto de la Sagrada Escritura. Han escogido el libro de los Hechos de los Apóstoles. Así que trato de ayudarles a sacar ideas para centrar su oración. cuando ya no se les ocurre nada más intento dos cosas: completar las ideas que puedan faltar y dar catequesis sobre algunos puntos que puedan tener relación con el texto. Después nos vamos a rezar un cuarto de hora delante del sagrario y terminamos cenando amigablemente y, si es necesario, nos tomamos un copazo. Porque después de todo... ¡hay que celebrar que sigan juntos!

Una dinámica sencilla, pero efectiva... Un fuerte abrazo

sábado, 4 de mayo de 2013

Longanimidad

Habitualmente, se considera que la longanimidad es sinónimo de fortaleza, como la virtud que nos lleva a enfrentar las contrariedades y perseverar, pero si atendemos a la etimología, esto no es cierto. Son virtudes parecidas, pero no es lo mismo. De hecho, sin fortaleza, no puede uno ser magnánimo, pero uno puede ser fuerte y sin embargo no ser capaz de emprender grandes empresas porque de eso se trata...
"Longa + anima", "Alma grande". De algún modo es fomentar una actitud que hoy no se encuentra en mucha gente. Fomentar en nosotros una grandeza de alma fuera de lo común. Estar dispuesto a emprender grandes empresas cuando merece la pena. Hay personas a las que todo les queda grande. Van por la vida con la espalda encorvada, encogidos. Sería lo opuesto a pusilánime. El pusilánime lo tiene todo chiquitito, está acobardado por cualquier riesgo, por cualquier cosa que le saque de su comodidad. Es el vicio del pequeño burgués de mentalidad diminuta.

De vez en cuando, el Espíritu Santo, toca el corazón de las personas y nos encontramos con héroes de corazón grande, dispuestos a entregar su vida, sus fuerzas y sus capacidades por algo, o mejor dicho, por Alguien por quien merezca la pena. Como me decía mi madre:"No busques huir del sufrimiento, en esta vida vas a sufrir..." Lo importante es saber por quién estás dispuesto a sufrir en la vida.
Si siempre estamos huyendo de toda situación incómoda, si siempre ponemos excusas para no hacer lo que sabemos que Dios nos está pidiendo, nos vamos a pasar la vida siendo chiquititos, pequeños y cobardes. Al final, tendremos esa sonrisa típica del fracasado que piensa que nada merece la pena. Que todo es demasiado difícil! ¿Qué voy a poder hacer yo para que el mundo cambie? ¡Y nos conformamos con una vida de mierda en un mundo ruín!

Francisco Pizarro y los trece de la fama

Se denominan Trece de la Fama, o Trece caballeros de la isla del Gallo, a las trece personas que acompañaron a Francisco Pizarro en la conquista del imperio Inca.

Se denominan Trece de la Fama, o Trece caballeros de la isla del Gallo, a las trece personas que acompañaron a Francisco Pizarro en la conquista del imperio Inca, superando el momento más crítico de la expedición.Francisco Pizarro y sus hombres llegaron a fines de septiembre, cansados y extasiados, a la Isla del Gallo. Ahí se produce la acción extrema de Pizarro de trazar una raya en el suelo de la isla.
Francisco Pizarro inició la conquista del Perú en 1524 con ciento doce hombres y cuatro caballos. Sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque se quedaron en Panamá con la misión de contratar más gente y salir posteriormente con ayuda y víveres en pos de Pizarro. Durante esta época mantuvieron duros enfrentamientos con los indios de la costa sur de Panamá donde Pizarro recibió hasta siete lanzadas y Almagro perdió un ojo que le quebraron de un flechazo.
A finales de septiembre de 1526, cuando habían transcurrido dos años de viajes hacia el sur afrontando toda clase de inclemencias y calamidades, llegaron a la isla del Gallo exhaustos. El descontento entre los soldados era muy grande, llevaban varios años pasando calamidades sin conseguir ningún resultado.

Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo la mayoría de sus huestes quieren desertar y regresar. Allí se produce la acción extrema de Pizarro, de trazar una raya en el suelo de la isla obligando a decidir a sus hombres entre seguir o no en la expedición descubridora. Tan solo cruzaron la línea trece hombres: los "Trece de la Fama", o los "Trece caballeros de la isla del Gallo".
Después de años de crueles batallas contra los indios, con las ropas podridas por el clima húmedos y los pantanos por donde tenían que refugiarse, desalentados por la falta de refuerzos que no llegaban, los hombres de Pizarro querían abandonar la expedición. Así que nuestro héroe conquistador hizo lo único de lo que su corazón era capaz. Luchar hasta el final.
Cuenta la crónica de uno que lo vió: "El trujillano no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena:
— «Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere».
Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, «no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada». Sus nombres han quedado en la Historia."
Eran trece hombres, casi desarmados, medio desnudos y sin botas porque todo se había podrido. Los que quisieron huir usaron los barcos que quedaban y dejaron uno por si los valientes se arrepentían. Pizarro mandó barrenarlo y hundirlo para evitar la tentación fácil de la vida cómoda y no les quedó más alternativa que conquistar o morir. Poco tiempo después, Perú era español. Gracias al "alma grande" de Pizaroo y los suyos. Sólo ser conoce el nombre de los "Trece de la fama" como se les llamó a partir de entonces. El resto los que se volvieron a una vida fácil, nadie les conoce.
El nombre de los trece valientes que perseveraron con Pizarro es:  Bartolomé Ruiz, Pedro Alcón, Alonso Briceño, Pedro de Candia, Antonio Carrión, Francisco de Cuéllar, García Jerén, Alonso Molina, Martín Paz, Cristóbal de Peralta, Nicolás de Rivera (el viejo), Domingo de Soraluce, y Juan de la Torre. 
Decía santa Teresa de Jesús que le espantaba ver lo que podía llegar a hacer cualquier persona que llegara a tener una "determinada determinación". ¿Alguna vez te has decidido a perseverar en algo hasta el final, cueste lo que cueste? Decía san Pablo: "Aún no habéis llegado hasta la sangre en vuestra lucha contra el pecado".
De alguna manera, lo importante en esta charla es gritarles a los chavales: "Esto vir!" Significa: "¡Se un hombre!". Que no me sean nenazas, huidizas, cobardes y pusilánimes, que se decidan a entregar su vida por algo que merezca la pena. Que se decidan a hacer algo grande con sus vidas, con su tiempo, con sus fuerzas. "El mundo es de Dios y Dios se lo alquila a los valientes".
Estamos hasta las narices de cristianos cortos de miras, cobardes y asustadizos. Queremos, necesitamos, hombres y mujeres de corazón grande, dispuestos a cosas grandes aunque suponga sufrir. ¿Tu vida para qué merece la pensa ser vivida? ¡Anímate a entregar tu libertad y ganarás tu alma!
¡Además, ésta ha sido la virtud que ha distinguido a nuestra patria a lo largo de los siglos! Nuestros enemigos siempre nos han temido por esta misma razón. No podemos dejar que el relativismo y la falta de ideales arruinen nuestra patria...

Es cortita la charla de esta semana, pero creo que es suficientemente intensa.