Esta mañana, hablando con un sacerdote del que me fío mucho, empezaba a ver que realmente es necesario tener un proyecto de parroquia, de lo que quiero que llegue a ser mi nueva parroquia. Aunque sinceramente, llevo pensando en esto muchos años. Siempre que he iniciado un grupo, siempre que he comenzado en una parroquia nueva he ido perfilando lo que yo creo que debería ser una parroquia completa.
De hecho, los primeros en los que habría que pensar es en éstos. Por esto, más que un minivaticano, una parroquia debería ser una Comunidad. De ahí vamos al segundo punto.
Que quepan los movimientos y cualquier persona tenga la espiritualidad que tenga, pero que quien entre en un movimiento no sea porque no se le haya ofrecido una plenitud de vida cristiana, sino que entren en los movimientos porque efectivamente sea su vocación, sabiendo que no existe un movimiento universal que todo el mundo deba entrar en él. Lo único universal es la Iglesia Católica.
Cuarto, una parroquia que necesariamente debe ser madre, debería aprender de la Madre de Cristo, una parroquia debe vivir una profunda unión con María, que es la protectora, garante y la que lleva a su plenitud la fe de sus hijos. Por eso, cada parroquia debería ser profundamente mariana.
Quinto, una parroquia debe vivir su vocación al exterior. O la parroquia es evangelizadora y misionera o estará encerrada en sí misma y bajo capas de oración o acción, estará muerta. La vida de una parroquia se mide por las conversiones.
Séptimo, los privilegiados de la parroquia deberían ser lo débiles, los pecadores, los pobres en todos los sentidos, los que nadie quiere, los que han sido expulsados de las demás instituciones.
Yo creo que estos ocho puntos definen lo que yo creo que debería ser una parroquia. Lo que sueño con mi futura parroquia.
¿Así que cómo voy a entrar en la parroquia? Intentando crear una comunidad difícil de conseguir, que cada uno, sea de la espiritualidad que sea, sienta la parroquia como su propia casa. Después, intentando servir en lo que me pidan. No quiero montar los grupos que yo quiero, quiero observar qué es lo que realmente necesitan y sobretodo responder a los clamores generales. La gente no es tonta y sabe lo que necesita. A lo mejor, lo primero que debo hacer es escuchar. Ponérselo fácil a la gente y empezaré, si Dios quiere por algo muy sencillo: en vez de castigar a los feligreses con homilías largas, tratando de no superar los 35-40 minutos de Misa de domingo, incluyendo cantos. Es un buen modo de empezar, ¿verdad?
Os pido que recéis por mí y por mi nueva parroquia, para que Dios me inspire nuevos modos de servirles mejor. Lo único que quiero es poder darles a Cristo, a todos y a cada uno. En la medida de mis posibilidades. Mejor en la medida de los milagros, que estoy seguro, el Señor va a suscitar. ¡Bendito sea Dios! Que Dios nos de sensatez, sentido común, amor a Él y a los hermanos.
























